Qué se dice

Qué se dice

Las informaciones sobre  nóminas adicionales cubiertas con dinero del fisco  al margen de las partidas presupuestales conocidas públicamente, van a seguir siendo motivos de revuelo en los próximos días, según ha trascendido. Se señala que lo que salió  a relucir en la Procuraduría General de la República, en la que se ha señalado que existía un de  pagos mediante asignaciones mensuales a personas que en realidad no tenían ninguna función, sería la punta del iceberg. Se habla incluso  de que en algunos organismos públicos  las listas  de personal agregado para favorecer a cientos de personas  por sus vínculos con el partido en el poder o con sus dirigentes es la causa principal del agotamiento de los recursos consignados para el 2004 cuando todavía faltan cuatro meses para el cierre de año. Pero hay quienes se atreven a afirmar que este mal del gasto excesivo prohijado por un criterio partidista de recursos públicos  se ha extendido, como nunca, sobre los ayuntamientos,  tanto en predios de la oposición como en los del oficialismo. Recientemente, voces del Partido de la Liberación Dominicana mostraron gran esceptismo sobre las informaciones del estado actual de la administración pública que han recibido en la transición. En altos niveles del PLD existe el convecimiento de que la realidad solo podrá conocerse a partir  del 16.

Se pasaron de la raya

Ya hace mucho tiempo que la Iglesia Católica se desvinculó públicamente de la tradición que se seguía en muchos sitios, de armar un monigote el domingo de Resurrección e incinerarlo en gesto de venganza hacia Judas, señalado en los Evengelios como el traidor que vendió a Cristo por treinta monedas. El clero optó, en un momento dado, por considerar innecesario  que la religión se asociara a exhibiciones de crueldad para supuestamente  mostrar dolor por el sacrificio de Jesús  pues las prédicas del catolicismo hablan de un Dios misericordioso y magnánimo para ser asociado a las ideas de paz y justicia que no son en modo alguno compatible  con imágienes de linchamientos. Aunque en la pasada Semana Mayor alguien revivió en acto público la representación de la quema  del Iscariote aquí en Santo Domingo, ya esas truculencias no vienen al caso. Lo mismo puede decirse del desagradable espectáculo de ayer en que fue quemado un muñeco con la imagen del secretario de Salud Pública, José Rodríguez Soldevila. A los médicos, que se enfrentan en estos momentos a las autoridades  y que recurren continuamente a huelgas y marchas callejeras se les fue la mano con  la simbólica incineración.

Violencia y uniformes

Informes de prensa indican que existe una escalada de hechos sangrientos con la participación de agentes policiales y militares. En varios casos,  oficiales y clases de instituciones armadas fueron víctimas de las agresiones de civiles, incluso de bandoleros. Pero  otros reportes describen balaceras

de policías contra policías y militares contra militares con saldos de muertes o heridos graves. Se trata de una cadena de violencia en la que  resalta a veces el consumo de bebidas alcohólicas o la presencia de miembros de los institutos castrenses  en centros nocturnos en los que la mezcla de tragos con armas de fuego tiende a originar tragedias a veces hasta por nimiedades. Sabido es que los altos mandos de las instituciones castrenses y policiales mantienen vigentes unas claras reglas para reducir la posibilidad de que sus miembros queden involucrados en actos reñidos con la ley y las buenas costumbres. Periódicamente, a los policiales se les reiteran las normas que tiene que cumplir cuando están fuera de servicio. Parecería que este es un momento muy oportuno  para redoblar las prédicas y controles que alejen  a los uniformados de las tragedias urbanas.