QUÉ SE DICE

QUÉ SE DICE

CLAUDIO ACOSTA
c.acostahoy.com.do

El lado amable.  Esperemos que el doctor Franklyn Almeyda, secretario de Interior y Policía y por tanto  principal responsable de Barrio Seguro, sepa coger por el lado amable las críticas que se desprenden del sondeo realizado por el Centro de Estudios Sociales Padre Juan Montalvo y la Fundación Bienestar y Desarrollo en cuatro barrios de la Capital –La Ciénaga, Los Guandules,  Guachupita y 27 de Febrero– donde se aplica ese programa, pues solo así podrá aprovechar esas críticas y quejas –que siempre podrá verificar por sus propios medio si ese fuera su interés– para corregir lo que haya que corregir.

 ¿Qué dice ese sondeo? Que la mayoría de los consultados -un 73%- percibe que a pesar de la presencia de la policía sigue campante el tráfico de drogas así como los robos y asaltos, pero también dice que otros componentes del programa como son la mejoría de los servicios  y la instalación de centros tecnológicos nunca pasaron de ser una  promesa. Procure, doctor Almeyda, una copia de ese sondeo, échele un vistazo, escuche lo que la gente de esos barrios tiene que decirle y póngase manos a la obra, pues al fin y al cabo el fracaso o el éxito de Barrio Seguro llevará su sello y el del gobierno del Partido de la Liberación Dominicana.

Un raro privilegio.-   Dicen por ahí que los choferes del transporte público son unos privilegiados porque la ley no los obliga, como al resto de sus conciudadanos, a utilizar el cinturón de seguridad, y que los responsables de que disfruten de ese privilegio son los legisladores  que así lo establecieron cuando modificaron la Ley de Tránsito.

Permítasenos, con todo respeto, disentir de esa afirmación, pues si tomamos en cuenta cuál es la función del cinturón de seguridad y a lo que que se expone, en caso de producirse un accidente, quien no lo lleve puesto, habría que concluir que en lugar de ser un privilegio se trata de todo lo contrario.

Puestas así las cosas cualquiera podría concluir, sin riesgo de que le acusen de ser un mal pensado, que lo que imperó en el ánimo del legislador o  legisladores que introdujeron esa insólita modificación a la Ley de Tránsito fue el interés de hacer posible  la paulatina desaparición de eso que todavía conocemos como chofer de concho.