Qué se dice

Qué se dice

El año 2003 finaliza para los dominicanos con una acentuada preocupación respecto de lo que podría ser el proceso electoral. El reciente fallo de la Cámara Contenciosa de la Junta Central Electoral –ladeado completamente hacia una de las facciones del Partido Revolucionario Dominicano- ha creado una nebulosa sobre su imparcialidad, puesto que algunos de los propios jueces electorales habían planteado las serias dificultades que confrontaban para basarse en documentos que les permitieran fallar en uno u otro sentido.[tend] Los preludios que sacudían a la opinión pública, en el sentido de que la citada cámara habría de pronunciarse a satisfacción del oficialismo, se cumplieron al pie de la letra, y la sociedad se siente empujada a recordar el mucho desasosiego causado por la forma en que fue conformada la Junta durante los dos últimos cuadrienios del Congreso y que constituyó un ejercicio excesivo de poder unipartidista. Es decir, aunque al organismo comicial se le ha dado la oportunidad de demostrar independencia, en este caso lo que ha dado es una señal preocupante de que en momentos decisivos, algunos de sus integrantes parecen coincidir con los intereses políticos de quienes, entre bastidores, propiciaron sus llegadas a esas posiciones.

[b]Negligencia castigable[/b]

La pasión por los fuegos artificiales hace difícil controlar su uso; y en estas navidades la ventas se han multiplicado, legalizadas o toleradas en la confianza de que se trata de artefactos de mejor calidad que los que predominaban anteriormente y hacían que los usuarios estuvieran muy expuestos a quemaduras y mutilaciones. Pero las cifras sobre daños personales de los últimos días demuestran que, con todo y todo, el empleo alegre de pólvora para hacer volar luces y divertirse sigue siendo un juego muy peligroso. Si los fuegos artificiales han de ser aceptados como un mal inevitable, por lo menos hay que exigir que se sancione a los adultos que los utilicen negligementemente dejándolos sin control en manos de niños. Los fanáticos de las varillas, velas romanas, cohetes y metrallas deben estar advertidos de que los actos irresponsables están castigados por la ley y que las autoridades actuarán ante cada reporte de daños provocados por tales objetos.

[b]Un triunfo para las ideas[/b]

Si una instalación policial tan especialmente relacionada con el empleo masivo de la fuerza represiva, como es el llamado campamento Juan Pablo Duarte (cascos negros), va a ser convertido en un “gran centro universitario”, entonces la sensatez y el sentido práctico para hacer cosas que favorezcan a la sociedad todavía tienen posibilidades entre los dominicanos. La Policía está empeñada en que sus agentes dispongan de un lugar para hacerse profesionales o técnicos y es muy feliz idea proyectar la transformación de un ámbito de armas de fuego, macanas, gases lacrimógenos y bombas de estruendo para que pase a alojar a profesores y alumnos con sus correspondientes libros, pupitres y otros útiles. Allí, la inteligencia desplazaría a los instrumentos de agresión física . Bien que ocurra en un país en el que últimamente, a veces, se pretende dar a los roles cuartelarios más vigencia de la que merecen.