Qué se dice

Qué se dice

Atrapados y sin salida.-  Cada vez que sufrimos una de nuestras recurrentes crisis en el suministro de energía eléctrica, y los apagones se convierten en la pesadilla que nos persigue de día y de noche, se inicia el inevitable ciclo, que otros no dudarían en calificar de círculo vicioso: comienzan a quejarse de grandes pérdidas en sus negocios los pequeños comerciantes (la inmensa mayoría) a causa de  los prolongados apagones, luego le siguen los  empresarios de mayor calado e influencia, de esos que suelen aparecer con frecuencia en las primeras planas de los periódicos y no se les aprieta el pecho para  proponer la eliminación del subsidio o la sincerización de la tarifa, mientras en los barrios y comunidades  del interior se enciende la chispa de la protesta,  hasta que mas temprano que tarde el enfrentamiento entre autoridades y manifestantes produce el infaltable muerto.

Ante tan grande alboroto y el peligro que  representa para la sagrada paz social, los gobiernos se asustan e improvisan una “solución”, que no es otra cosa que colocarle un parche –otro mas–  al viejo y conocido problema, que en este caso consiste en sacar de donde no hay los recursos que permitan mantener abierto el barril sin fondo en el que se ha convertido el subsidio eléctrico, y después de ahí a seguir nataguiando hasta la próxima crisis y el próximo parcho. Las violentas protestas escenificadas a principios de semana en Barahona y otras comunidades del suroeste, acompañadas de quema de neumáticos, disparos, bombas molotov, pedreas y destrucción de la propiedad privada, son apenas el preludio de lo que empezará a ocurrir en otros pueblos y comunidades de continuar tan precario el servicio de energía. Claro está, a  estas alturas eso es algo que ya sabe el vicepresidente de la CDEEE, Celso Marranzini, como debe ya de saber también que no será capaz de romper el perverso círculo vicioso en el que estamos atrapados ni con la ayuda del célebre mago Merlín.