¿Qué pasa realmente en el reformismo?

¿Qué pasa realmente en el reformismo?

Luego de celebrar exitosamente el tercer Congreso Joaquín Balaguer a principios de este año, el Partido Reformista ha vuelto a caer en una peligrosa inercia que amenaza seriamente su participación en las próximas elecciones, donde se espera pueda demostrar la capacidad de representación que dice tener, de un importante segmento de nuestra sociedad.

La pugna por la candidatura presidencial del partido, envuelve nueva vez a esa organización política en una crisis irracional y estéril. La dirección partidaria cumplió con el mandato estatutario convocando sus organismos para decidir la forma y fecha de la convención que escogería su candidato presidencial, tal como lo ordenara el tercer Congreso.  La misma sin embargo fue frustrada por posiciones incomprensibles que rayan más bien en intereses de índole personal que colectivos.

Internamente el partido ha mantenido y desarrollado liderazgos cuyos resultados son muy cuestionables.  Ello así porque si se toman los indicadores de encuestas y sondeos debemos llegar a la penosa consideración de que su crecimiento ha sido muy pobre, aunque todos conocemos el potencial electoral que podría alcanzar ese partido. Se ve con agrado que muchos compatriotas aspiren a la nominación presidencial, dinamizando de este modo la clientela partidaria. Lo que no se explica es que estos mismos compatriotas no hayan sido capaces de comprender la realidad que vive el partido en estos momentos, donde lo que se requiere es un acuerdo consensuado para la escogencia de su candidato.

Joaquín Balaguer podía darse el lujo de la paciencia, lo hacía adrede, porque sabía perfectamente que su maquinaria electoral arrancaría intacta al escuchar su voz de mando.  Ese es un lujo que los reformistas no se pueden gastar en estos momentos. ¿Qué esperan entonces aquellos que tienen la decisión en sus manos?  El paso del tiempo traerá mayor polarización electoral, en perjuicio del reformismo.  A veces pensamos que esto es precisamente lo que se quiere, diluirnos pacientemente, entre sábanas blancas y cobertores morados.