Qué se dice
La teoría del péndulo

<p><strong>Qué se dice<br /></strong>La teoría del péndulo</p>

Más  y más gente inteligente, observadora y decepcionada de este país se suma al criterio de que los políticos dominicanos –con contadas excepciones- se comportan de un modo bastante similar.

Pasan del discurso insustancial, populista y demagogo, al disfrute de las mieles del poder y luego la sociedad sufre por la falta de solución a los problemas fundamentales. Por eso somos un Estado que vive dando motivos para que se piense que es fallido. Son notables  nuestras señales de fracaso en  los ámbitos de Educación, Salud Pública y Seguridad Ciudadana. Somos una sociedad de profundas desigualdades y de pobre sanción a quienes quebrantan la convivencia social en calidad de ladrones, asesinos, estafadores y evasores, entre otros items. Para beneficio de los políticos de marcas criollas,  aquí se da crecientemente el fenómeno de la recuperación rápida de simpatía o reciclaje de las ofertas partidarias. El bajo desarrollo de la formación ciudadana, propiciado por ellos mismos, permite que cualquier líder salga del desprestigio con relativa facilidad. Sólo hay que esperar que los que subieron se “quemen” para que la estrella que les era opuesta comience a remontar.

Entre luces y sombras
Entre las técnicas avanzadas de laboratorio criminalístico que permitieron descubrir el fusil  usado años atrás en el asalto al transporte de valores de Vimenca y la situación deplorable que presenta el destacamento de Palavé existe una diferencia del cielo a la tierra. Bárbaro desequilibrio en contra de la comunidad. También existe una aguda diferencia entre la élite policial situada en su Palacio y los agentes que tienen que vender de todo, incluyendo tarjetas de llamadas, por las calles para aumentar ingresos en horas libres; dos de  los que eso hacían fueron asesinados recientemente por asaltantes. Hay extensos barrios de Santo Domingo,  y hasta distantes comunidades provinciales, que no disponen de una efectiva protección policial. En cambio, son contados los personajes del poder que prescinden de escoltas y franqueadores en demasía. Mientras eso ocurre, las jefaturas policiales y militares no han logrado evitar que una buena parte del personal “bajo su mando” esté en tareas ajenas a los verdaderos fines de las instituciones, incluyendo el cobro sin trabajar.

La sociedad y sus enfermedades
Detrás de la violencia de género y de los impulsos de autodestrucción de hombres que matan a miembros de su propia familia y luego se quitan  la vida existe una alta incidencia de la depresión, el alcoholismo y el consumo de sustancias prohibidas (de drogas en sentido general). Así como el cáncer es definido como una enfermedad catastrófica, aunque  tratable con cirugía, radioterapia y quimioterapia, las patologías de la mente resultan también un gravísimo padecimiento. Tales enfermedades, circunstancialmente agudas o permanentes, deberían estar enfocadas por el Estado como lo que son: problemas sanitarios con extensas implicaciones. Urge desarrollar la educación popular por los medios de comunicación para alentar a las personas con trastornos emocionales a que acudan a consultorios gratuitos a cargo de algún personal paramédico de psiquiatría y psicología situados  en hospitales, fiscalías y destacamentos. Reclamemos con insistencia ese tipo de medicina preventiva. Hay que desalentar,  a través de efectivas campañas  publicitarias, el consumo irresponsable de bebidas alcohólicas. En otras partes del mundo, los licoristas son los primeros en combatir el exceso a través de  los medios de comunicación.