Prototipos de Powell: cada gobierno tiene disidentes

Prototipos de Powell: cada gobierno tiene disidentes

WASHINGTON.- Si están en desacuerdo con su presidente, algunos funcionarios renuncian, como hizo el secretario de Estado Cyrus R. Vance después del infructuoso intento militar de Jimmy Carter de rescatar a los rehenes estadounidenses en Irán. Algunos son despedidos por insubordinación, como el general Douglas MacArthur. Pero hay una tercera vía, como ha demostrado el secretario de Estado Colin L. Powell.

Llamémosle el enfoque Bartleby, en honor del copista legal en la historia de Melville de 1853, «Bartleby, el Escribano». Negándose a trabajar o a dejar su puesto,, Bartleby rechaza todas las órdenes de su jefe con la respuesta enloquecedoramente tranquila de «preferiría no hacerlo».

Powell nunca fue públicamente hostil al Presidente Bush, pero en su propia forma callamada y tranquila refrenó el apresuramiento del gobierno estadounidense hacia la guerra en Irak. Su resistencia fue el secreto peor guardado en Washington, y ahora ha sida confirmada en detalle en el nuevo libro de Bob Woodward, «Plan of Attack» (Plan de Ataque), el cual describe a Powell como «el guerrero renuente».

Algunos críticos han acusado a Powell de deslealtad y dicen que debería haber renunciado o haberse mantenido callado; sus defensores dicen que sus advertencias fueron un instrumento útil para medir la realidad para Bush y han sido apoyadas por los acontecimientos.

Ya sea correcta o equivocada, su renuencia no es sorprendente. Los generales con experiencia de combate a menudo han sido mucho más desconfiados de ir a la guerra que los civiles. Powell inicialmente tampoco se entusiasmó con librar la primera guerra del Golfo, dijeron Brent Scowcroft y otros funcionarios en el primer gobierno de Bush. En vez de ello, favoreció usar tropas para defender a Arabia Saudita de un ataque.

El portavoz del Departamento de Estado, Richard A. Boucher, dijo que la reputación de Powell como un guerrero renuente es injusta. «Como soldado en 1990, su misión inicialmente era defender a Arabia Saudita», dijo Boucher. «Luego recuperó el plan de expulsar a Irak de Kuwait cuando la diplomacia no funcionó».

De manera similar, dijo, Powell apoyó firmemente la segunda guerra con Irak. «No supongan que porque planteó dudas se opuso a la política», dijo Boucher. «Estaba con el presidente».

La cautela de Powell era ya evidente en 1987 para un colega de la Casa Blanca, Peter Robinson, redactor de los discursos del presidente. En su reciente biografía, «How Ronald Reagan Changed My Life» (Cómo Ronald Reagan Cambió mi Vida), Robinson relata haber sido convocado a una reunión con Powell, entonces subasesor de seguridad nacional, para discutir una frase en un próximo discurso presidencial. Aunque Reagan ya había aprobado la oración, recuerda Robinson, la agencia de Powell y el Departamento de Estado conideraban que era demasiado beligerante, y Powell exhortó a que se borrara.

El asunto quedó sin solución hasta el día del discurso, recuerda Robinson, cuando Reagan pronunció la frase. De pie en el Muro de Berlín, djo: «Señor Gorbachov, derribe este muro».

Powell tiene un recuerdo diferente de ese incidente, dijo Boucher, el portavoz del Departamento de Estado. «Hubo una discusión, pero la frase estaba bien para él», dijo Boucher. «Fue el Departamento de Estado el que objetó la oración».

Quienquiera que haya objetado, podría parecer extraño en retrospectiva que alguien se retractara de lo que se convirtió en uno de los momentos más memorables de Reagan, pero Robinson dice que él llegó a apreciar la racionalidad de esa cautela burocrática.

«Lo único a que un empleado del gobierno realmente necesita temer», dijo en una entrevista, «es a cometer un error tan grande y tan público que pueda convertirse en el más raro de los objetos, un empleado gubernamental despedido con causa. Los incentivos por tanto desalientan el pensamiento creativo o la toma de riesgos».

Los incentivos se vuelven infinitamente más atemorizantes cuando una política pone vidas en riesgo. El general George McClellan, el comandante de la Unión, tenía, en palabras de su exasperado presidente, un mal caso de «lentitud». Abiertamente desdeñoso de Lincoln y sus órdenes para combatir, McClellan fue relevado del mando y luego se postuló para la presidencia en 1864 como candidato de los demócratas, cuya plataforma llamaba al fin de la guerra.

Powell ha dicho que su modelo es George C. Marshall, otro general que se convirtió en secretario de Estado. Como Powell, permaneció en el puesto, aun cuando dijo al Presidente Harry Truman que estaba fuertemente en desacuerdo con él sobre un asunto importante: el reconocimiento de Israel. Pero Marshall evitó que sus objeciones se volvieran del conocimiento común. En cierto momento, sin embargo, un disidente podría dejar de hacerse a sí mismo o hacerle a su jefe mucho bien, dijo John P. Burke, co-autor de «How Presidents Test Reality» (Cómo los Presidentes Ponen a Prueba la Realidad).

«Algunos funcionarios pierden hoy la esperanza de que ganarán mañana, pero esa puede ser una trampa porque podrían no ganar mañana o la próxima semana o el año próximo», dijo Burke, científico político de la Universidad de Vermont. «También podrían convertirse en lo que se llama disidentes domesticados, ofreciendo opiniones disidentes para demostrar pero con poco impacto práctico».

El ex secretario de Defensa Robert S. McNamara defendió intensificar la Guerra de Vietnam al principio, pero eventualmente concluyó que era inganable. Sin embargo siguió defendiendo la guerra públicamente, y se negó a ventilar sus críticas después de que dejó el poder.

En lugar de criticar al jefe, la renuncia por principios es en ocasiones la única opción. «Me parece que cuando uno es parte de un equipo, no está en desacuerdo con las decisiones del entrenador un vez que han sido tomadas, aun cuando uno desee que las decisiones fueran diferentes», dijo Zbigniew Brzezinski, quien fue asesor de seguridad nacional de Carter. Un buen ejemplo de un participante disidente, dijo, fue su rival en el gobierno, Vance, quien se sintió obligado a renunciar después de romper con el presidente por la misión de rescate en Irán.

¿Cuánto se puede estar en desacuerdo y permanecer en el gobierno? «Si hay un conflicto moral que no se puede resolver, la única cosa verdaderamente honorable es renunciar», dijo Michael A. Genovese, autor de «The Power of the American Presidency» (El Poder de la Presidencia Estadounidense).

Pero Genovese, científico político de la Universidad Marymount de Loyola en Los Angeles, no criticó a Powell por permanecer en su puesto.

«Rara vez surge un asunto de ese nivel», dijo. «En su mayor parte, la tarea de un asesor es morderse el labio y aguantar hasta que ya no sea posible aguantaar. Es, después de todo, la presidencia de Bush, no de Powell. El está ahí para servir al presidente».