Protocolos médicos

Protocolos médicos

Todo cambia, nada permanece igual; hoy no es ayer, así como tampoco mañana podrá ser igual al presente. Esta verdad de Perogrullo no resulta aceptada por todo el mundo, hay gente que se resiste a interiorizar dicho concepto ya que la inercia social, cultural y biológica nos invita a creer en la eternidad. Sólo los inconformes apuestan al cambio; y sin embargo, la tierra se mueve como diría Galileo. Querámoslo o no, la sociedad está transformándose y con ella cada uno de sus integrantes.

Las personas que laboran en el campo de la salud deben hacer conciencia de los efectos directos que la tecnología moderna provoca en la práctica científica.

La medicina es arte y ciencia a la vez, esto sigue siendo cierto, pero la definición de profesión liberal amerita ser actualizada. Ya el discípulo de Esculapio no goza del libre albedrío que ayer le permitía obrar a su antojo en el cuidado de un paciente.

No puede actuar el hijo de Hipócrates de forma medalaganaria, recetando u operando a “su mejor parecer”, sin tomar en cuenta los derechos de los enfermos, ni las reglamentaciones que pautan las intervenciones y recomendaciones terapéuticas. La experiencia milenaria acumulada universalmente y su disponibilidad a través de los organismos internacionales, verbigracia, la Organización Mundial de la Salud, obliga científica y éticamente a ceñirnos a las guías de manejo médico-quirúrgico.

Conteste con esa tónica, prestigiosas instituciones adscritas al órgano rector de la sanidad universal revisan periódicamente esos protocolos, a fin de ponerlos a tono con los últimos avances de la ciencia para el usufructo de la humanidad. El Ministerio de Salud Pública ha estado llevando a cabo encuentros con las sociedades especializadas, a través del Colegio Médico Dominicano, con el propósito de elaborar y aprobar las guías de manejo clínico moderno en hospitales y centros de salud privados habilitados para ofertar servicios a la población.

Una práctica médica ceñida a normas previamente establecidas constituye una forma de garantizar atención de calidad, sin que en ella prime el estado social, étnico, religioso, político, ni el género de la persona afectada. Debemos apoyar esa iniciativa pues ella nos beneficia a todos como nación, región, familia o individuo.

El país podrá mostrar estadísticas comparables a la de sus homólogos. Los tribunales contarán con un referente para juzgar si la participación de un médico inculpado se ajusta a las reglas vigentes. Los indicadores de morbilidad y mortalidad materno infantil cambiarán favorablemente en un tiempo prudencial.

Los niveles de conformidad de los usuarios de los servicios mejorarán de modo sustancioso. Así mismo, los servidores podrán reclamar urgentes transformaciones de las condiciones en que operan determinadas áreas.

Equipos, insumos y capacitaciones justificarán su demanda bajo el alegato de cumplir con las exigencias enunciadas en las guías de manejo. La educación continuada se impondrá como requisito indispensable para la renovación de la licencia que autoriza el ejercicio profesional. No podemos seguir como los chivos sin ley, perjudicando a la sociedad en su conjunto.

La ciencia avanza de modo vertiginoso y con ella la práctica médica global. El dilema está planteado: o ajustamos nuestra práctica a las normas presentes, o sencillamente, nos descalificamos.