Protesta contra los que están; aviso a los que vienen

Protesta contra los que están; aviso a los  que vienen

Vivimos tiempos difíciles, en lo colectivo y lo individual; local y mundialmente. Quienes gobiernan, y los que aspiran a hacerlo, deberán estar muy advertidos. Tenemos jóvenes pensantes que se rebelan contra el desorden establecido; que no se presentan como masas manejables por cualquier tipo de gobernantes. Se avecinan mayores crisis mundiales: las fuerzas productivas profundizan las injusticias sociales, y amenazan el medio ambiente y la supervivencia de la raza humana; se complica la estructura de la producción y de los mercados, predominando el afán de consumo de las masas, al tiempo que el empleo se tecnifica y muchos quedan fuera de la estructura ocupacional.
Se relativizan las formas de entender el mundo e interpretar y valorar los hechos. Muchas organizaciones religiosas padecen crisis de liderazgo, al tiempo que gente emergente pareciera tomar conciencia de las amenazas y las oportunidades que tienen de frente; asumiendo, al parecer, con valentía, la defensa de los valores nacionales y democráticos.
Mientras la gente común, aturdida en el desconcierto informacional y la vorágine tecnológica, informativa y comunicacional; se vuelca en el consumismo alienante, haciendo de las actividades de compra y el disfrute material, una especie de religiosidad, más alienantes que las que los marxistas pudieron imaginar.
Los grupos de poder continúan fallando en cuanto asumir la dirección consciente y responsable de los procesos económicos y societales. Nuestra malhadada democracia es apenas una caricatura de representación de los derechos de los diversos sectores sociales.
Mientras muchos deambulan por los centros de consumo y diversión, sin otras metas que la de sobrevivir en un torbellino cuyo único indicador de sobrevivencia parecería ser la capacidad de consumo; mucha gente común sabe que no califica para migrar y teme quedarse fuera del consumismo; ya por falta de empleo, dádivas estatales o de parientes en el exterior.
La competencia es feroz; la agresividad y la frustración serán mayores a medida que avance la crisis política, institucional y espiritual.
Los grupos religiosos lucen vacilantes en cuanto alertar y orientar sobre estos procesos. Los que pudieran pensar, parecen carecer de marcos de referencia válidos para orientar la colectividad. El relativismo devora sus referentes culturales y axiológicos.
Recientemente, se vislumbra un posible liderazgo joven que pareciera ver más allá de sus propios intereses personales; y que parecen darse cuenta de que, ellos y todos, estamos jugando “penúltimas” oportunidades. Y que se mueven en procura de cambios verdaderos, movilizándose en pro de decisiones y soluciones extraordinarias.
Más que nunca, la gente que ama a su país debe abocarse a la reflexión y a la oración. Pero sin perder tiempo, ir derecho y con firmeza a la acción. Mientras tanto, en nuestras calles y centros cívicos, es saludable señal que hombres y mujeres jóvenes asumen comportamientos participativos, pacíficos y democráticos; procurando ir más allá de la ingenua y superflua expresión de simpatías y adhesiones. Sus protestas van hacia “los que están”; pero con igual fuerza y firmeza, son advertencias a “los que vendrán”.

Más leídas