Por un diálogo de verdad

Por un diálogo de verdad

Aunque pareciera llegar con retraso como reacción a una crisis global de ya larga pesadumbre, al plantear la necesidad de establecer el próximo enero una discusión con las “fuerzas vivas” de la nación, el Presidente Leonel Fernández abrió la posibilidad de llenar un sensible vacío. Los procesos de toma de decisiones claves (como las que exigirían los problemas económicos) tienenque utilizarse  para sumar voluntades; no para excluirlas. Las diferencias de criterios,  en el marco de un accionar unilateral de la política, mantienen a esta sociedad infructuosamente dividida.

Las dirigencias partidarias y gubernamentales suelen eludir la búsqueda en común de consensos. Con frecuencia los políticos causan la impresión de que para ellos lo prioritario es que las propuestas del adversario sean desestimadas aunque el buen sentido y el interés general les hagan aceptables. Procede reclamar desde ya que en el corto plazo se establezca un escenario de diálogo que propicie una conjunción de opiniones con receptividad  a todas las posiciones políticas y sociales de la nación. Con igualdad de posibilidades para postular y objetar temas, cara a cara con el gobierno. Para enfrentar las consecuencias de la recesión mundial, el Estado debe estar dispuesto a hacer cambios de políticas presupuestarias. Un diálogo  con las no bien definidas fuerzas vivas, debería servir para trazar esos cambios.

Más dinero a las calles

Ningún conteo estadístico ha indicado antes que el doble-sueldo sea directamente  un beneficio de amplio alcance en la población, siendo este un país de alto desempleo y mucha informalidad en los negocios. Aún para muchos que lo reciben  no es más que un extra efímero para tapar huecos del año. No  obstante, habría que admitir que la regalía anima temporalmente el comercio y ciertos consumos, incluyendo aquellos que podrían ser considerados imprudentes y negativos. También activa a los maleantes. De ahí que sea de rigor aumentar el patrullaje  en esta época.

La llegada del bono navideño encuentra  una situación en la que los delincuentes sobresalen mucho, al tiempo que el poder adquisitivo se ha empobrecido. Ese dinero adicional para la población económicamente activa debe contribuir efectivamente a saciar necesidades y  a dinamizar operaciones comerciales, pero con sentido de responsabilidad y sin dar oportunidad a los pillos.