¿Por qué salimos de Irak?

¿Por qué salimos de Irak?

La respuesta a esa pregunta lo primero que amerita es otra pregunta, ¿por qué estábamos en Irak? Probablemente la respuesta a las dos preguntas es la misma: porque así lo exigían los intereses del reeleccionismo.

Vamos a ver. La República Dominicana no tiene actualmente una política exterior que merezca ese nombre. Así, cuando ante el Consejo de Seguridad se discutía la pertinencia del ataque militar a Irak sobre la base de las condiciones norteamericanas, la representación de nuestro país se lanzó en un confuso discurso de «ni al revés ni al derecho, sino todo lo contrario». Como se recuerda, esa actitud motivó la renuncia de Hugo Tolentino de su posición de canciller.

Es que poco antes, ante la Asamblea General de la ONU, Tolentino había fijado lo que entendía era y/o debía ser la posición dominicana frente a los problemas del terrorismo y la forma de combatirlo, que no incluía la participación en una acción militar en Irak.

Cuando Hipólito Mejía ordena a quienes estaban al frente de la Cancillería en ausencia del titular (en esa época estaba en Europa en cumplimiento de sus funciones) respaldar a Estados Unidos en contra de la opinión mayoritaria de los países miembros de la ONU (lo que perdía relevancia, toda vez que los norteamericanos ya habían decidido que con o sin ONU iban para el Irak) es porque calculaba, al igual que sus asesores, (cuya pericia es indudable en lides «tigueriles», pero deficiente en otras áreas), que si apoyaban a Estados Unidos, tenían garantizado el respaldo norteamericano a las intenciones reeleccionistas.

Con ese recurso estuvieron tratando de entretener a la opinión pública: «los norteamericanos están con Hipólito». Y la verdad es que el hecho de que el embajador norteamericano sostuviera relaciones extremadamente cordiales con el presidente dominicano daba pie a creerlo. Eso creaba además, preocupaciones en la oposición, pero parece que también el en Departamento de Estado norteamericano.

De ahí se desprende la visita de Roger Noriega, el hombre fuerte de esa dependencia norteamericana para todo el sur de Estados Unidos, con el ostensible fin de poner término a la ambigüedad. El propio embajador norteamericano se encargaría de confirmarlo en su ya citado discurso de febrero ante la Cámara Americana de Comercio.

Con una situación más que inestable en Haití, con una Venezuela “levantisca” y con una Argentina y un Brasil respondones, lo que menos necesitan los norteamericanos es un foco de inestabilidad adicional precisamente al lado de Haití y de Cuba. Por es, sus distancias del proyecto reeleccionista que, por lo demás, es fuente de intranquilidad y preocupación en numerosos sectores dentro y fuera del país.

Ahora bien, eso no significa que los Estados Unidos apoyen a otro candidato, llámese este Leonel Fernández o Eduardo Estrella. No, su posición sin duda debe ser: hagan sus elecciones y con quien gane, con ese trabajaremos. Es más, probablemente ni siquiera descartan a Hipólito Mejía, siempre que este sea capaz de conservar el poder sin armar líos. Esto último, en realidad lo digo como fórmula de consolación para mis amigos perredeístas, porque es extraordinariamente difícil que se pueda modificar ya el cuadro que nos están ofreciendo reiteradamente las encuestas, uno de los pocos indicadores fiables sobre el estado de ánimo de la sociedad.

Una vez que ya se hace tarde para el proyecto reeleccionista modificar lo que apunta será su suerte, tiene que seguir jugando todas las cartas. Ya no sirve lo de seguir anunciando el “respaldo de Bush”, pero sí tiene su peso el ordenar el retiro de las tropas dominicanas acantonadas en Irak. Esa medida responde a un clamor muy extendido, tanto de los familiares de esos soldados como de la población en general y lo que es más importante, elimina las condiciones para una posible tragedia nacional si algo ocurriera a algunos de ellos.

En el mismo contexto del anuncio del retorno de nuestros militares, el gobierno votó en contra de Cuba en la Comisión de los Derechos Humanos. Cada país tiene su derecho a votar como entiende que es mejor para sus intereses nacionales. Es de suponer que el gobierno de Cuba habría comprendido esas razones si cuando se acercó a las autoridades dominicanas para solicitar respaldo, estas le expresaran que no podrían satisfacerlos. Pero como también la política exterior actual se ejecuta en función de decisiones personales del presidente, sin consulta con el organismo competente en la materia, les aseguraron que no votarían contra Cuba.

Ocurre, sin embargo, que en una de sus acostumbradas reuniones, el equipo de estrategas del PRD-PPH (improvisan mejor que cualquier músico de Jazz) decidió que era menester dar un golpe de efecto, ya que los apagones no hay quien los pare, ni las quejas de la población por la carestía de la vida, sin mencionar otras calamidades. Escogieron la retirada de las tropas de Irak y de paso, sacrificar la palabra empeñada con Cuba (en eso son maestros). ¡Porque a los norteamericanos no podían darles dos palos juntos! Es de suponerse que los cubanos se han quejado por pura formula, porque tontos no son. En cualquier caso, el grupo gobernante no ponderó ni una cosa ni la otra, sino que actuó en función del proyecto del grupo, que como se sabe, es mantenerse en el poder a cualquier precio. Así pues, cualquier decisión que tome este grupo de personas en los días que restan hasta el 16 de mayo estará signada por la desesperación de perder lo que es obvio que en agosto tendrán que entregar.