¿Por qué preferir a los desprestigiados y fracasados?

¿Por qué preferir a los desprestigiados y fracasados?

El gobierno cree que las denuncias de corrupción que han motivado al Presidente Fernández a dar explicaciones son sólo una campaña mediática dirigida a dañar la imagen del líder del PLD. Puede que la oposición, porque eso es parte de lo que le corresponde, aproveche el excelente periodismo de Alicia Ortega y Nuria Piera para incordiar y puede también que no todo lo denunciado resista un proceso judicial. Pero el ruido del río es porque está bajando agua, y no poca…

El “esprit de corps” que convoca a los peledeistas a defender a sus compañeros es la peor respuesta que pueden dar. Se asumen así todos como iguales. Y no lo son. Hay en este gobierno una serie de funcionarios cuyos logros son extraordinarios y que en vez de brillar como merecen quedan opacados por la ineficacia de los cuestionados como presuntos corruptos.

Y es que, independientemente del nepotismo demostrado por los reportajes de televisión o de las vagabunderías evidenciadas por la prensa, el gobierno exhibe con incomprensible orgullo a funcionarios que, aunque fueran más honestos que Duarte, merecen la destitución por haber fracasado miserablemente al agravar en vez de solucionar los asuntos públicos puestos a su cargo.

Estos candidatos al despido contrastan enormemente con funcionarios como Daniel Toribio, cuya gestión como administrador general del Banco de Reservas le ha merecido un reconocimiento sin precedentes: aparte de duplicar sus activos en un lustro e incrementar las utilidades casi un 26%, teniendo como cliente al difícil gobierno dominicano, es más eficiente que los administradores de bancos privados. En efecto, según demuestra el analista Alejandro Fernández en su leida columna Argentarium, los gastos administrativos de la banca privada al cerrar 2008 son un 5% mayores que los del Banco de Reservas.

Igualmente, las gestiones de Héctor Valdez en el Banco Central; Juan Hernández en Impuestos Internos; los CORECATO en Aduanas; los José Rafaeles, Lantigua en Cultura y Vargas en INDOTEL; César Pina en la secretaría de la Presidencia; Euclides Gutiérrez en la Superintendencia de Seguros; Melanio Paredes y Ligia Amada Melo –pese a sus exiguas asignaciones- en Educación; Temístocles Montás en Economía; Frank Rodríguez en el IAD; estos y muchos otros suman prestigio antes que desmeritar al gobierno.

 El Presidente debe soltar el lastre de los desprestigiados y fracasados pues está a riesgo –sin merecerlo- de hundirse con ellos.