¿Por qué no se entienden Leonel y los médicos?

¿Por qué no se entienden Leonel y los médicos?

BIENVENIDO ALVAREZ-VEGA
El ciudadano Presidente de la República goza de la buena fama de ser un hombre afable, conversador y de buen trato con la gente. También se le ve, por sus continuas actividades y palabras, como un predicador del diálogo, del consenso y de la concertación, como un político que, desafiando su formación original, es alérgico a los conflictos.

Cuesta mucho entender, en consecuencia, que un mandatario a quien se le atribuye estas cualidades persista en su actitud de no hacer caso a unos reclamos y paros médicos que llevan meses y que, contrario a lo que puedan pensar y declarar las autoridades de Salud Pública, están afectando la buena marcha de los centros sanitarios de todo el país. Pareciera que estamos ante una incoherencia entre el decir y el hacer.

Siempre es bueno tener presente que la educación y la salud son los dos campos que mejor permiten introducir elementos de equidad en una sociedad. Esta es la razón por la que quienes propugnan por modelos de justicia social y de cierto socialismo se apoyan en uno y en otro para elevar la calidad de vida de la gente, para acortar las diferencias marcadas por los niveles de ingresos, para romper ese circulo perverso que posibilita la reproducción de las diferencias personales y sociales y que hace que muchos seres humanos nazcan perdedores.

Por esa razón estadistas como Willy Brandt, Felipe González, Julio María Sanguineti, Figueres, Fernando Henrique Cardoso y Ricardo Lagos hicieron y hacen extraordinarios esfuerzos en sus respectivas naciones para mejorar la salud y la educación. No es una casualidad ni es una exigencia de organismos internacionales, sino una providencia que nace de las convicciones ideológicas y del espíritu de equidad que ha caracterizado a estos hombres de Estado. El caso cubano es tan excepcional y tan reconocido mundialmente que huelga citarlo.

Pues bien, en su gestión de 1996 al 2000 el Presidente Fernández no se distinguió por ser un mandatario particularmente interesado en el sector salud. Sí lo fue, en cambio, en el de la educación, donde introdujo grandes e importantes innovaciones. Ahora parece que el gobierno se encamina a repetir la historia pasada, posibilidad que debe llenarnos de temores y de desesperanza.

La salud pública ha sido tradicionalmente descuidada en la República Dominicana. El principal énfasis de los gobiernos ha sido, sobre todo los del doctor Joaquín Balaguer, construir edificios para alojar clínicas, policlínicas y hospitales de distintas categorías. Se trata de un esfuerzo loable y necesario. Pero la salud pública incluye a los centros de salud y algo más, es decir, el aspecto operativo de los mismos, con sus equipos correspondientes, y los indispensables e insustituibles recursos humanos.

Creo que el Presidente Fernández comete un error cuando rehúsa escuchar, de manera reiterada, las legítimas aspiraciones de los médicos y del personal paramédico. Estos vienen pidiendo, por años, mejores condiciones de trabajo y mejores sueldos. Y mayor es el error del jefe del Estado cuando insinúa que estos profesionales se consideran privilegiados entre los servidores de la administración pública. Yo creo que no, que no son privilegiados, sino que son más sacrificados, que han tenido que estudiar muchísimo, que tienen la encomienda de bregar con la vida humana, que laboran durante larguísimas jornadas y que no pueden negarse ante requerimiento alguno de un enfermo.

El Presidente Fernández tiene la oportunidad, a mi juicio, de ganarse a los médicos como sus aliados para aplicar los planes que su gestión tenga o pueda diseñar para transformar uno de los sectores imprescindibles para construir un modelo de equidad social. Le bastaría con que apele a esas reconocidas habilidades y cualidades que se le reconocen para el diálogo, la concertación y el consenso. Ojalà que él se diera esta oportunidad. Si lo hace, puede estar seguro, ganaríamos todos.

bavegado@yahoo.com