¿Por qué faltan escuelas y aulas?

¿Por qué faltan escuelas y aulas?

 BIENVENIDO ALVAREZ-VEGA
Hay quienes se quejan porque el país no dispone de suficientes recursos humanos para satisfacer las demandas del mercado. Otros lamentan que las calles y avenidas se anegan con pequeños aguaceros, y los hay que lamentan que todavía tengamos enfermedades superadas en muchos otros lugares del mundo.

La primera queja nos lleva directo al tema de la educación, a la educación general y a la llamada educación vocacional. La segunda plantea la estratégica cuestión de la planificación urbana y la inversión pública y la tercera nos conduce a los programas de salud pública. Tres claves que apuntan hacia las metas gubernamentales, a las prioridades de la gente y a las prioridades de los políticos en posiciones de poder.

La República Dominicana y ninguna otra nación pueden disponer de lo que no tienen. Es evidente, en el caso nuestro, que carecemos de los recursos humanos que demandan actividades tan sobresalientes como el turismo, las finanzas, la informática, la fabricación de medicamentos y hasta una agropecuaria moderna. Los empresarios de estos campos generalmente han instalado sus propias escuelas para entrenar a las personas que reclutan con unas habilidades mínimas.

Ahora bien, ¿por qué no tenemos esos recursos humanos? La pregunta no es ociosa ni retórica, sobre todo si consideramos que deberíamos contar con ellos. Pero ocurre que durante años y años una de las grandes fallas de la sociedad dominicana ha sido el descuido de la educación. Es un tema harto manejado en los medios de comunicación, en seminarios, simposios y hasta libros.

Pero veamos solo un indicador. Si nos atenemos a las asignaciones presupuestarias de cada año, desde 1962 hasta la fecha, debemos de concluir que para los gobiernos que ha tenido la nación en estos 45 años,  la educación no ha sido una prioridad. Hablo de las asignaciones presupuestarias, es decir, de las disponibilidades anuales de fondos públicos, porque en la retórica todos han elevado la importancia de la educación y la consideran eje clave para el progreso y el bienestar.

La consecuencia de este hecho, es decir, de este descuido, es la existencia de una educación que no satisface las necesidades que en esa materia tiene la sociedad, necesidades que van más allá del campo laboral.  Faltan escuelas para tener una cobertura escolar de un 100%, faltan maestros en cantidad y en calidad, faltan equipos pedagógicos, faltan sueldos adecuados para los educadores y el personal administrativo de los centros escolares; hay una altísima deserción escolar, sobre todo después del octavo grado; hay dificultades serias para el aprendizaje de materias como la lengua española y las matemáticas; la sobreedad en las aulas es un problema serio que se refleja en el aprendizaje; la repetición de cursos es alta y la escolaridad de la población nos ubica en uno de los últimos lugares de América Latina, aunque quienes gobiernan digan lo contrario.

No hay que hacer muchos exámenes y maromas intelectuales para caer en la cuenta de que este estado de la educación no surgió por generación espontánea, ni nada parecido. Sí puede afirmarse, en cambio, que se trata del resultado de la ausencia de unas políticas públicas y el corolario de unos programas educativos francamente mediocres  y llevados a retazos, casi por obligación.

Los gobiernos se han dedicado durante estos 45 años a construir escuelas y planteles. Pero han rehusado, de forma casi militante, comprar equipos pedagógicos para esas escuelas y planteles, comprar butacas y mejorar los sueldos de los profesores. En otras palabras, el aula, escenario principal y corazón de la educación, ha quedado rezagada en las políticas públicas.

Ha habido períodos de excepciones, sobre todo a partir de 1990, pero como es propio de la gestión pública dominicana, las políticas reformadoras iniciadas ese año fueron descontinuadas, en unos casos, y reacomodadas o desfiguradas, en otros. Resultado: la educación dominicana sigue rezagada.

Para que este panorama cambie y en un tiempo razonable el país pueda contar con recursos humanos y con otros derivados de una nación formada por gente educada, los ciudadanos y ciudadanas tendrán que ponerse los pantalones y las faldas bien puestas y reclamar de los gobiernos, con la intensidad necesaria, prestar atención a la educación.

bavegado@yahoo.com