Por qué  costumbres occidentales siguen ganando en el  mundo

Por qué  costumbres occidentales siguen ganando en el  mundo

Mart Sandbu
Las ideas son inferiores a las canciones pop en un sentido, por el hecho de que ellas no tienen un top 40. Si lo tuvieran, sería un simple golpe para rematar las cartas de los debates de política global por tres años consecutivos y se habría titulado “Atardecer en Occidente”. Una melodía lastimera y a veces desesperada que golpea la autoconfianza occidental, cuyo estribillo es que el mundo occidental tiene muy poco por que estar confiado. Como todas las canciones pop, es una simplificación neta de la realidad.

La última entrega de declinismo occidental llega como cortesía de Time, cuya última portada pintó una imagen teñida de carmesí de una sudadera inglesa con capucha frente a un flagrante auto, con el título: “El declive y caída de Europa (y tal vez de Occidente)”.

 El artículo va junto a las protestas inglesas, la baja de la clasificación de la deuda de Estados Unidos por Standard & Poor’s, y la crisis de deuda en la eurozona, en una “nueva realidad imposible de ignorar: el Oeste, y más inmediatamente Europa, está en serios problemas”.

Si particularmente esta tesis parece sugerente después de otra mala temporada en los países ricos, ni siquiera sería nada nuevo ni original. La corriente de libros recientes propone la idea de que el modelo político y económico desarrollado y perseguido por el mundo occidental tiene pocas oportunidades en el concurso de belleza de modelos alternativos, especialmente los que ofrecen las grandes naciones emergentes. Las explicaciones de la insuficiencia occidental van desde lo poco sutil (Como se perdió el Occidente, de Dambisa Moyo, hasta el sofisticado: Los orígenes del orden político, de Francis Fukuyama). Más y más líderes no occidentales indican o dicen de plano que el oeste ya no puede pretender enseñar a otros.

Esta opinión es errada. La mayor parte de “Occidente”, las democracias liberales con economías capitalistas, pero que poseen un grado de bienestar estatal, incluyendo los países asiáticos de altos ingresos, están en una mala racha. Pero al mismo tiempo están lejos de ser invadidos, superados, o invalidados por el mundo emergente. Aunque el modelo sobre el cual se organizan las sociedades occidentales parece devastado, definitivamente todavía produce resultados incomparables.

Considere primero la economía. Como señala Dani Rodrik más arriba, no es el hecho de que los países emergentes puedan sostener el impresionante crecimiento económico que ellos han manejado en las pasadas dos décadas. Pero supongamos que lo hacen, como es de esperar. La brecha, o mejor dicho, el golfo, que los separa de los estándares de vida occidentales sigue siendo enorme, incluso después que el mundo desarrollado ha sufrido su peor recesión en tiempos de paz desde los años 30.

La pérdida de producción desde esta crisis autoinfligida asciende a trillones de dólares. ¿Dónde deja eso a las casualidades? En una perspectiva global, no muy lejos de donde estuvieron. EEUU y la Unión Europea todavía producen la mitad de la producción del mundo, con poco más de una décima parte de su población.

La estadística más reveladora no se trata del tamaño de las economías, sino de la prosperidad de su gente. La producción anual atribuible a cada ciudadano de EEUU, el ingreso nacional bruto per cápita, es de US$47,140. Para el promedio chino es de US$4,260; para los hindúes, US$1,340; para los rusos, US$9,910; y para los brasileños, US$9,390. Ajustado por los diferentes niveles de precio, las disparidades son un poco menos dramáticas. Pero sólo un poco.

Además, estos números subestiman la brecha en las condiciones de vida entre EEUU y los países del Bric. “La gente promedio no vive con el promedio de los ingresos. La forma en que los ingresos son distribuidos significa que la mayoría vive por debajo del significado aritmético, y más por debajo aún en los países tales como los del Bric donde la desigualdad es mayor. La mayoría de americanos, europeos y japoneses, estarán mejor que la mayor parte de los ciudadanos del Bric por mucho tiempo.

Pero, para medir el éxito de un modelo de organización social por la riqueza que produce, es mantenerlo en un estándar más empobrecido de lo que ya la sociedad humana está. La habilidad superior del modelo occidental para crear una prosperidad ampliamente compartida no sirve para nada si esta no puede ser disfrutada en seguridad y libertad. Sobre estas dimensiones, también las democracias liberales dirigen el mundo, mientras que el Bric fascina principalmente por su fracaso. La represión violenta no ha aquietado el burbujeo de protestas a lo largo de China. Las franjas de la India están en las garras de la insurgencia maoísta armada; Kashmir por mucho tiempo ha estado bajo un sangriento operativo de seguridad. La tasa de asesinatos de Brasil es 20 veces la de Gran Bretaña y cinco veces la de EEUU.

En comparación con sus supuestos rivales, los problemas sociales ocasionales de los países occidentales son insignificantes; ellos son excepciones a la regla. La regla es esta: el modelo occidental da una solución satisfactoria al problema político de la humanidad de cómo los conflictos de interés entre individuos pueden ser resueltos pacíficamente.

Históricamente, el orden social ha sido asegurado por la violencia, el temor o la debilitante pobreza. Las democracias liberales tienen éxito sin los últimos dos, y limitar la violencia a los usos restringidos, gobernados por normas a las que la gente generalmente cede. Esto es un logro tremendo del modelo occidental; su abolición permanente de la miseria material lo hace aún más atractivo.

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Amenaza seria

1. El malestar actual no es una amenaza seria para estos logros; el estancamiento, la baja de clasificaciones y las protestas sociales, no desharán el éxito principal de Occidente. Si ellos pusieran la arrogancia occidental bajo algunos gestos, no sería una mala cosa.

2.  No hay disputa de que a menudo las democracias liberales han abusado de su poder, y continúan haciéndolo en algunos casos. Pero, estas han involucrado la aplicación de sus propios principios de forma inconsistente, dejando el lapso de gobierno democrático o reteniendo sus bendiciones de otras poblaciones o de una parte de las suyas.

3.  Hay razones para no abandonar el modelo occidental, sino recuperarlo lo más que se pueda. Así que las democracias liberales ricas pueden espabilarse de su caída de autoestima. Puede ser contagiosa la melodía de que el Occidente se está quedando atrás, pero está equivocada.

Precios maíz aumentan frente a decadentes rendimientos

Gregory Meyer

 en New York

 Se observan señales de estrés en el cultivo de maíz de EEUU que enviaron  los precios de los granos a un nivel más alto, indicando que la inflación alimentaria podría bien persistir en el 2012.

El Departamento de Agricultura de EEUU (USDA, por sus siglas en inglés) redujo sus estimaciones de la cosecha de maíz actual hasta un 57%, por debajo del 60% hace una semana atrás y un 70% hace un año atrás. Esto podría implicar una disminución de la producción y el entorpecimiento de los esfuerzos para reformar las bajas reservas.

Los reportes de la gira de Pro Agricultor de esta semana hasta el momento han apuntado hacia rendimientos decepcionantes.

El maíz CBOT December, la medición para la producción del 2011, subió un 1.3% hasta US$7.43¾ el saco, un alza histórica para el contrato de ese mes. El trigo CBOT December aumentó un 2.1% hasta US$7.81¾ el saco, ya que algunos productores ganaderos combinaron las raciones de los alimentos con el trigo.

El maíz December está ahora comerciándose más alto que el maíz para el próximo mes. Los analistas dijeron que esto se debe a que los altos precios de este verano temporalmente han minado la demanda, ayudando así a evitar reservas críticamente bajas antes de la producción de este año. El maíz llegó a su más alto nivel en junio a un costo de US$8 el saco.

Richard Feltes, vicepresidente en la firma de corretaje RJ O’Brien, dijo que una reciente ola de calor que dañó el maíz en ciertas partes del país también ha acelerado la producción en la parte central de EEUU, cuyos suministros representan alrededor de la mitad de las exportaciones de maíz del mundo.

Los grandes importadores también han frenado las compras frente a los altos precios, pero Feltes esperaba que fueran reducidas. “Los compradores de maíz están simplemente esperando un revés, así que esperaremos que una cosecha más grande u otra sacudida en los mercados financieros”, envíen los precios en descenso.

China, que el año pasado se volvió importador de maíz, usó la retirada del precio en julio para comprar nuevamente. El alto Consejo oficial de Granos de EEUU  estimó que las importaciones de maíz de China podrían alcanzar las 10 millones de toneladas el próximo año, un estimado cinco veces mayor que el del USDA, dijo Feltes.

Bunge, uno de los mayores comerciantes agrícolas del mundo,  reconoció la creciente importancia de China.

VERSIÓN AL ESPAÑOL DE ROSANNA CAPELLA