¡Por España! ¡Por el Rey!

¡Por España! ¡Por el Rey!

PEDRO GIL ITURBIDES
Hugo Chávez perdió los estribos desde hace tiempo. Como dominicano debo agradecerle que nos acredite una parte de los dineros que debemos pagar por el petróleo que importamos. El financiamiento a largo plazo permite que nuestras reservas monetarias se mantengan dentro de una cierta amplitud. Pero sus arrebatos no pueden ocultarse tras la deuda que asumimos frente a Petróleos de Venezuela. Y esos arrebatos, incesantes, muestran a una persona intolerante, intemperante, imprudente. Y sobre todo, exhibicionista.

El incidente de la última cumbre presidencial de nuestros países y España, pone sobre el tapete estilos de hombres públicos distantes por sus conductas y la concepción que tienen sobre lo que es un gobernante. José Luis Rodríguez Zapatero, el presidente del gobierno español, creció sobremanera, al defender a su predecesor de los gratuitos ataques de Chávez. ¿Qué razones tenía Chávez para atacar a José María Aznar? ¡Las de hacerse notar! No tenía otras, puesto que aquella cumbre no se convocó para examinar comportamientos de gobiernos actuales o viejos.

Pese a que Rodríguez Zapatero y Aznar marchan por caminos distintos, aquél asumió una noble actitud al defender a su predecesor, quien, además, es su habitual contradictor. ¡España ante todo!, debe haberse dicho Rodríguez Zapatero. Y Chávez, en vez de reconocer que se había propasado  sin tener que decir nada, sino con un elocuente silencio  prorrumpió en nuevo arrebato. Entre otras cosas, recordó que representaba al gobierno que encabeza por elección popular. ¡Por elección popular! Fue, por cierto ése, el instante en que el jefe del Estado Español, el rey Juan Carlos I, lo mandó a callar.

Pero del asunto se ha hecho una crisis internacional. Concomitante con la cumbre, Chávez tuvo su cumbre alternativa con cubanos, nicaragüenses y bolivianos, y en ella se armó Troya. Fidel Castro escribió una reflexión, recordándonos que la pava no pone donde ponía. Y ha destacado además, la extraordinaria inteligencia de su adláter venezolano en su disputa con los españoles. Chávez a su vez, lo mismo que su ministro de Relaciones Exteriores y uno que otro alabardero, se han permitido advertir que el colonialismo se acabó. Y que el imperialismo no manda donde no debe mandar. En pocas palabras, Chávez se ha retratado tal cuál es.

Lo imagino en Miraflores gozando los aspavientos que se ha permitido. ¡Cómo se regodea en ellos! ¿Oíste lo que le dije? ¡Porque a mí no me callarán, no señor! ¡A otro mudo con esa orden para que me calle! ¡Porque los días de los mantuanos se acabaron con la colonia! ¡Yo estoy aquí por Bolívar! ¡Eche usted para otro lado!

De una insignificancia logró revolver los asuntos en dos Cancillerías En Madrid anunciaron que no llamarán a su embajador en Caracas. Saben que topetaron con quien genera los dislates, y procurarán que la calma resulte del apaciguamiento del ánimo cerril. No será fácil, pues el goce por los desplantes crea una fruición que no se apaga sino con prudencia y morigeración. Y Chávez no siempre exhibe estos valores reconocibles cuando la personalidad madura.

Por eso, y para que no queden solos  porque no es fácil concitar aplausos para las conductas respetuosas , respaldo a Rodríguez Zapatero y a don Juan Carlos. ¡Por España!