Por “sordera” o poca exigencia

Por “sordera” o poca exigencia

Muchas opiniones independientes o que parten de intereses –generalmente legítimos- son lanzadas con ánimo de influir en decisiones y comportamientos de autoridades, incluyendo legisladores y organismos diversos, amén del Poder Ejecutivo. Pero en el país tales  presiones, aun hechas con idoneidad  y razones muy atendibles, con frecuencia quedan sin respuestas o solo obtienen reacciones tardías e insuficientes. De viejo  en el ejercicio público no contamos con  la sensibilidad que en otras naciones logra que  los administradores del Estado se sientan seriamente comprometidos con la calidad de su desempeño  y sean incapaces, incluso, de permanecer en los altos cargos si por acción u omisión dan motivos a críticas bien fundamentadas en el seno de la opinión pública.

¡Qué mucho carecemos aquí de la funcional  interacción que canalice  frustraciones de la sociedad para  obtener los correctivos que toda autoridad está obligada a disponer en favor de quienes decidieron su presencia en el poder: los ciudadanos! En esta notable desconexión obra innegablemente el “orgullo”  y  un sentido de superioridad que ensordece a muchos de quienes nos gobiernan. Pero también está la apatía del ciudadano, que tan curado de espanto parece estar siempre. Que apenas se escandaliza, y sobre todo, va a las urnas con poco ánimo de sanción, actitud alimentadora de nuestro lamentable sistema de partidos.

Que reclamen sin entorpecer

La Universidad Autónoma de Santo Domingo pertenece  en buen sentido al pueblo. Falla en algunas cosas y debería administrar mejor los recursos que recibe limitando su nómina. Pero brinda la educación superior de menor precio. La UASD además debe exigir respeto a sus estudiantes recordándoles que lo que allí cae desde el presupuesto no es un maná; que la enseñanza debe costarles algo, a veces casi simbólico, y   que basta con exonerar a un número de desposeídos de  buenas calificaciones.

Aquellos  que se opongan a decisiones de las autoridades académicas no deben incurrir  en  actos de fuerza. Su rechazo a un leve aumento de tarifa de  servicios que acaba de entrar en vigencia no debe afectar en lo más mínimo la labor académica. En ocasiones un sector pretende  retrotraer a la UASD a los desórdenes por cualquier motivo. Hay que decir no  a la falta de comedimiento cada vez que sea necesario.