Pontífice dejó grandes desafíos

Pontífice dejó grandes desafíos

POR MANUEL JIMÉNEZ
HIGUEY, La Altagracia.–
El papa Juan Pablo II ha dejado al mundo, y en especial a la Iglesia Católica, el desafío de «transformar nuestras sociedades en expresiones concretas de amor, tolerancia, respeto y comprensión», dijo ayer aquí monseñor Timothy Broglio, nuncio apostólico de Su Santidad, en una eucaristía por la memoria del fenecido Sumo Pontífice.

«Si no llegan los cambios, las lágrimas, las bellas palabras y las expresiones de pésame quedan solo como palabra sin sustancia», dijo el nuncio apostólico.

Monseñor Broglio encabezó la solemne celebración eucarística por el papa Juan Pablo II en la basílica Nuestra Señora de la Altagracia acompañado de los 13 obispos católicos dominicanos. La ceremonia fue iniciada a las 10:10 de la mañana.

A los actos que culminaron dos horas después, asistieron el presidente Leonel Fernández y el vicepresidente Rafael Alburquerque.

Con la basílica repleta de acongojados y entristecidos feligreses, el nuncio recordó que el papa en sus encuentros con los jóvenes «nunca se cansó en proponerles los más altos valores cristianos y humanos».

Dijo que esos valores se resumían «en su búsqueda de paz, reconciliación, una mejor distribución de los bienes de la tierra, un diálogo abierto norte-sur y la reunión entre las múltiples confesiones cristianas. El papa proponía siempre el ideal, el máximo y la meta más alta. Nunca cayó en la trampa de aceptar la mediocridad como una solución aceptable para un problema mayor», dijo el representante del Vaticano.

Luego de resaltar  que el Señor «nos donó un pastor extraordinario», monseñor Broglio se preguntó si frente a su muerte debemos construirle un monumento, llorar su paso a una vida nueva o escribir un poema.

«Propongo otra respuesta», se respondió el nuncio, señalando que lo correcto en esta circunstancia es acoger la visión de Juan Pablo II «y trabajar para que el mundo de mañana tenga signos más claros de la presencia del Reino de Dios».

«Podemos empezar la construcción de la nueva ciudad y la nueva tierra. Podemos manifestar a nuestros hermanos y hermanas sufrientes en toda la tierra que hay motivos de esperanza y luz al final del túnel», expresó.

Sostuvo que ciertamente este ha sido «un aspecto muy fuerte del ministerio del finado pastor de la Iglesia Universal y es la herencia que él dejo a cada uno de nosotros».

Recordó las palabras recientes del cardenal Ángelo Sodano, canciller del Vaticano, cuando definió al papa Juan Pablo II como «magno», por ser el cantor de la civilización del amor. Recordó también el frecuente mensaje del papa de «no temas».

«El desafío del miedo se cambia en los diferentes momentos y experiencias de la vida», sostuvo el nuncio. Dijo que tal vez el joven teme «porque no sabe escoger su camino, tiene miedo de no poder tener éxito en la vida».

Dijo que con frecuencia se escuchan preguntas tales como ¿hasta ahora, qué es lo que he hecho de mi vida? ¿Cuáles son mis obras buenas y útiles? Acercándose el fin, tal vez igualmente se preguntan ¿Qué hay después? ¿Cuánto tiempo nos queda?. Pero dijo que a todas estas cuestiones tan válidas, «el Señor te repite ¡no temas, yo estoy contigo. ¡Sígueme!».

En su homilía, el nuncio de Su Santidad recordó las tres visitas que Juan Pablo II hizo a la República Dominicana, una de ellas a la basílica de Higüey el 12 de octubre de 1992, y dijo que este país siempre tuvo un puesto especial en el ministerio apostólico del Santo Padre. Recordó que fue el primer país que visitó en el continente americano.

Para monseñor Broglio, el papa Juan Pablo II ha demostrado al mundo «cómo aguantar el sufrimiento de la condición humana, cómo valorizar al enfermo, al débil o al anciano. Todos hemos podido apreciar su participación en la cruz, poniendo también nuestras quejas en perspectiva. Su vida de oración, su tranquilidad y, a pesar de su agonía, su disponibilidad para el encuentro definitivo con el Señor de la gloria», dijo Broglio.

El presidente Fernández, quien llegó al templo unos diez minutos después de iniciada la eucaristía, estuvo acompañado del vicepresidente Rafael Alburquerque y de los secretarios de la Presidencia, Danilo Medina; de Relaciones Exteriores, Carlos Morales Troncoso y Administrativo de la Presidencia, Luis Manuel Bonetti; el gobernador de Higüey, Rojas Morillo y el senador German Castro.

También asistieron representantes diplomáticos, entre ellos los embajadores de Estados Unidos, Hans Hertell; de Taiwán, John Feng y de Francia; así como el licenciado Hatuey de Camps, presidente del Partido Revolucionario Social Demócrata y los empresarios Alejandro Grullón, José Miguel Bonetti y Eduardo Lama, entre otros.

De Camps se acercó al presidente Fernández a saludar en el momento en que el oficiante de la eucaristía pidió a los presentes «darse el abrazo de la paz». En un momento de la solemne eucaristía, representaciones de las diferentes diócesis llevaron sus ofrendas ante el altar, resaltando uvas y plátanos en canastas y cuadros.

El momento de la comunión se extendió bastante, pues decenas de feligreses recibieron el cuerpo de Cristo, entre ellos el canciller Morales Troncoso y el embajador de los Estados Unidos.

Al final, el nuncio y los obispos participantes en la eucaristía presentaron sus saludos al presidente y el vicepresidente de la República. Lo mismo hicieron muchos feligreses presentes.