Podemos ser una Nación Decente

Podemos ser una Nación Decente

MARLENE LLUBERES
Son muchas las razones que nos impulsan a desear una verdadera transformación en nuestra sociedad y en nuestro país. Ese   interés particular ha imperado de forma constante sobre la colectividad, manifestándose en todo el ámbito sociocultural.  Sin embargo, en nombre de la tolerancia, avanza irremediablemente una dejadez y una real falta de preocupación por aquellas cosas que evidentemente no marchan de forma adecuada.

Existen abundantes pruebas  de que tenemos en nuestra población males enraizados que son necesarios erradicar, tales como la violación a las leyes,  la injusticia e impunidad, la discriminación,  la vulgaridad en los medios de comunicación, la violencia social y familiar, la infidelidad, el amor por el juego y las apuestas, la vagancia e irresponsabilidad, la actitud  negativa  y conformista,  el descuido, tanto personal como del alma y del espíritu.

Estos factores son estimulados por la publicidad que promueve los anti-valores para anunciar diversidad de  productos, como parte de la corriente que incita a la práctica del “libre albedrío”, entendiéndose este como justificativo para  actuar sin límite y sin medida.  

Sin embargo, si nos mantenemos indiferentes y en silencio ante la maldad, que evidentemente está aumentando, terminaremos padeciendo  consecuencias muy serias las cuales, tarde o temprano,  incidirán de forma negativa en nuestras vidas  y en la de nuestras familias.

Cuando  Dios  creó al hombre, lo hizo a su imagen y semejanza para que viviese en una comunidad de amor, siendo su justicia una expresión esencial de este amor. Es El quien no resiste el abuso, la maldad, la violencia, la traición  y demás males ya mencionados. Esta visión de Dios debería afectar nuestra sociedad porque lo que le interesa al Supremo Creador inevitablemente debe ser tomado en cuenta por quienes han sido creados por El.El  hombre y  la mujer fueron diseñados  con la conciencia para discernir y la  libertad para elegir;  conocen  la ley moral  ya que está escrita en sus  corazones.

El ser humano debe ser concientizado en que el buscar lo que Dios declara, que es lo bueno, será siempre directamente proporcional a buscar lo que será de bien para sí mismo, pues los preceptos y leyes de Dios, muy lejos de ser declaraciones arbitrarias, son la ayuda precisa y necesaria para su correcto  desenvolvimiento en esta tierra.

Sin duda alguna  tenemos a nuestro alcance creer que sí  es posible cambiar nuestra forma de pensar, hablar,  comportarnos y relacionarnos como única vía de lograr una mejor nación, una nación decente. Prestémosle atención.

Publicistas y productores deben ejercitarse en transmitir valores que, además de llenar sus expectativas económicas, cooperen con este cambio, aunque implique un mayor reto para ellos.

Alcanzaremos   una real transformación  de la sociedad si firmemente creemos que, aunque como entes individuales,  no podemos hacerlo todo, sí podemos hacer algo  y al disponernos, lo lograremos porque con cada grano de arena que aportemos, seremos capaces de construir un gran castillo.

Es posible hacer de República Dominicana una nación que ame a Dios y a su prójimo, que no devuelva mal por mal,  que bendiga y no maldiga,  que respete a las autoridades, habitada por personas mansas y pacificadoras, que cumplan con la ley,  que no insulten a sus gobernantes. Un país que no se excite a hacer el mal, que no abuse de las bebidas alcohólicas, con ciudadanos que se guarden de la droga, que hablen poco y escuchen bien, que no roben ni ataquen, que no usen violencia, que lean y estudien, que cuiden los niños en la calle, que trabajen, que enseñen la Palabra de Dios a sus hijos, que no se desanimen  y se gocen en lo que Dios les ha dado, dándole gracias a El por todo.