Pedro Enrique Ureña, rey de corazones

Pedro Enrique Ureña, rey de corazones

Cuando da la espalda, las miradas se convierten en susurros. Camina hasta su consultorio sin sospechar que en el Centro de Medicina Avanzada Dr. Abel González se habla de él.

De hecho, mucho de lo que se dice en los pasillos, sorprendió al doctor Ureña durante esta entrevista. ¿Qué lo hace tan especial? Demasiados “detallitos”. Partamos desde el principio.

Abrió la puerta y confirmamos el primer rumor. Alto, de tez trigueña muy clara y ojos café. Éste cardiólogo de 37 años roba los suspiros de muchas pacientes ¡y enfermeras! Aparenta más bien la edad de Cristo. Y da la casualidad que ante los ojos de muchas familias, es casi el mismísimo redentor.

Tuvimos que confrontarlo, pero no reconoció que fuera uno de los médicos más apuestos de la clínica, por lo que visiblemente sorprendido y con una sonrisa dosificada de vergüenza, dijo: “No lo sabía. Creo que no es así, pero gracias por hacérmelo saber”.

Pensamos que ese exceso de humildad respondía únicamente a cierto tipo de halagos, pero no. Todo cuanto Pedro Enrique Ureña hace y denomina cotidiano, resulta admirable y hasta heroico en “simples mortales”.

Y es que, un día normal en la vida del doctor incluye su participación directa en el centro de cateterismo cardíaco Cedimat, donde es director; en la Junta Regente del Intec, ayudando en importantes investigaciones médicas; en la Fundación que preside, Heart Care Dominicana y por supuesto, en su consultorio del Centro de Medicina Avanzada, donde se ha ganado el cariño de sus pacientes por el trato familiar y alentador que les brinda.

“Trato de identificarme con los pacientes, en los términos de que soy consciente de que la persona está atravesando una situación de necesidad. Trato de sensibilizarme un poquito, ya que es un privilegio que confíen su salud en nosotros. Es la parte más bonita de la medicina”, afirma con naturalidad.

Cuando se le cuestiona sobre los días de Navidad y otras celebraciones en las que casi todos los doctores se van de vacaciones, menos él, rebate con la filosofía de que “el día en que uno de mis padres esté en una emergencia enfermo, yo espero que el médico que requiera su atención esté disponible, y ponga su salud por encima de todo”.

Por mantener esa ideología, es apoyado por su esposa Ana María y sus hijas María Teresa, Ana Paula y María Alejandra, quienes han sabido sacrificarse en más de una ocasión.

“Recuerdo que una vez teníamos una reservación para un resort, y a la quinta cancelación nos dijeron que si volvíamos a suspender perderíamos el derecho a reservar nuevamente. Sólo así pudimos ir”, dice riendo.

A lo que agrega su esposa: “Ya no les decimos nada a las niñas hasta el último minuto”.

A pesar de su relativa juventud, Pedro Enrique Ureña ya tiene una trayectoria significativa, que no ha sido suficiente para subirle los humos a la cabeza. Ni siquiera porque hace unos años (cuando era más joven aún) hizo varias visitas médicas al extinto líder Joaquín Balaguer, quien reconoció los méritos del galeno.

Insiste en que “sencillamente” cuenta con un excelente equipo en Cedimat y en Abel González. Pues, a pesar de sus temores, cuando regresó al país, tras haberse especializado en el extranjero, sí encontró medicina de alto nivel, gracias a los adelantos tecnológicos, que han permitido resolver casos difíciles, considerados insuperables en el pasado.

Lo que sí lamenta es la remuneración económica insuficiente, que ha subvaluado el trabajo del médico dominicano durante muchos años.

“Es increíble que cualquier profesional que realice una labor de menor envergadura, como arreglar un aire acondicionado, cobre más que lo que vale una consulta médica”, dijo.

[b] “A TRAVÉS DE HEART CARE DOMINICANA HEMOS LOGRADO MUCHO CON MUY POCO”[/b]

En su larga lista de responsabilidades, la Fundación Heart Care Dominicana ocupa un lugar prioritario. Pedro Enrique Ureña es el presidente de la entidad que desde hace 5 años trae médicos extranjeros para operar y dar tratamiento a niños dominicanos de escaso recursos, con problemas del corazón.

“La fundación surge como un deseo de un grupo de jóvenes, entre ellos un médico dominicano que reside en Estados Unidos, llamado José Norberto, cirujano Cardíaco, Nelva Peláez de Pichardo y el doctor Freddy Madera. Nos dimos cuenta de una realidad muy triste, que es que la gente pobre no tiene acceso a la cardiología de alto nivel. Por eso, nos afianzamos y nos unimos a Heart Care International” , expresó.

Asegura que la fundación ha sido muy exitosa, pues han logrado mucho con muy poco. Por ejemplo, ya fundaron un departamento local con el doctor Gustavo Lazala, cardiólogo Pediatra.

“Ahora mismo se está llevando a cabo la séptima jornada, donde se han operado ya, más de 300 niños. En total, se han ayudado más de 600 infantes, entre cateterismo, evaluaciones y operaciones”.

Tilda su labor de “muy bonita”, porque participan muchas personas de diferentes ámbitos de la sociedad, desde voluntarios, escuelas, colegios, hasta damas y asociaciones. Todos unidos para tratar de dar lo mejor.

En cuanto al sistema de selección de los niños, dice que lo hacen basados en la seriedad de la patología. “A los niños más enfermos se les da prioridad. Pero, lamentablemente hay tanta necesidad. Tenemos una lista de espera tan larga… por encima de los 500 pacientes, y sólo podemos operar 50 ó 60”.

Pero no todo es color de rosa. Con mucha pena nos cuenta que entre jornada y jornada muchos niños mueren. “Es muy triste decirle a la madre que ya los “americanos”, como ellas dicen, vienen el próximo mes, y enterarnos que la criatura falleció la semana anterior”.

“Hacemos lo que se puede, pero nuestro país no ofrece hoy día el tipo de tratamiento que esos niños necesitan. Sólo podemos recurrir a la ayuda internacional”, agregó.

¿Qué les falta por lograr? “Mucho”, asegura. “Queremos que en nuestro país se puedan cuidar esos niños sin necesidad de la ayuda extranjera. Es el objetivo principal de Heart Care Dominicana a largo plazo. Tener la estructura, el personal, todo lo que conlleva un hospital pediátrico cardiovascular de alto nivel, donde un paciente dominicano sin importar su estatus social se pueda atender sin irse fuera”

[b]PERFIL[/b]

Pedro Enrique Ureña estudió medicina en el Instituto Tecnológico de Santo Domingo (Intec).

Hizo seis años de medicina interna y cardiología en Mount Sinaí, de la Universidad de Miami y luego cardiología internacional en la Universidad de Brown en Rhode Island.

Actualmente es director de cateterismo cardíaco en Cedimat, presidente de la Fundación Heart Care Dominicana y miembro de la Junta Regente de Intec

[b]ACORAZÓN ABIERTO[/b]

Un libro: Por quién doblan las campanas, de Ernest Hemingway

Una hora: 5:30 a. m

Una comida: habichuelas

Una bebida: whisky

Una virtud: la paciencia

Un defecto: intolerancia a la mediocridad

Un sueño: “Que nuestra medicina sea un estándar a seguir”.

Un héroe: Tengo dos: el doctor cubano americano Federico Justiniano y Juan Taveras Rodríguez, médico dominicano a quien le debemos la Plaza de la Salud.

Un nombre: Ana María