Pedigüeños haitianos abundan en principales avenidas ciudad

Pedigüeños haitianos abundan en principales avenidas ciudad

POR JUAN M. RAMíREZ
Como el pescador que tira la red para ver si tiene suerte y engancha su presa, así pedigüeños de origen haitiano se lanzan contra los conductores, sobre todo en las principales intersecciones del Distrito Nacional y la provincia de Santo Domingo.

Abundan en vías muy transitadas como la Winston Churchuil con Sarasota, Bolívar, 27 de Febrero, Charles Summer, así como en la Lincoln con 27 y con Gustavo Mejía Ricart.

También puede observarlos en la esquina formada por la Kennedy con José Ortega y Gasset, así como esta última con 27 de Febrero, además en la Máximo Gómez con Kennedy.

Pero la red es lanzada además por los desamparados en la avenida Hermanas Mirabal con Jacobo Majluta, en Santo Domingo Norte, de igual modo en la Charles de Gaulle con carretera Mella, en Santo Domingo Este, ambos municipios de la provincia de Santo Domingo.

Con la capacidad de adaptación, sin importar el peligro, estos seres humanos se las buscan para que algún bondadoso se desprenda de alguna moneda y la deje caer en sus manos.

Sin conocer de vergüenza ni cosa parecida, estas personas, en su mayoría mujeres, sostienen un niño en la cintura con lo que envían un mensaje de que piden para dar de comer a sus hijos.

A veces medio oculto en los árboles de las isletas, para evitar que agentes de Migración los detengan, aprovechan la luz roja del semáforo para ir encima sobre las pipetas, carros y otros vehículos casi siempre de lujo, para que les dejen caer algo.

Estas mujeres, casi siempre acompañadas de niños, han tomado las avenidas de Santo Domingo y ya casi forman parte de la cotidianidad de la ciudad.

Estos seres humanos, que entran a la República Dominicana como quiera y por donde quiera, a pesar de la vigilancia que se dice existe en la zona fronteriza, tienen que comer cada día, por lo que de alguna forma tienen que ingeniárselas, de lo contrario morirían por inanición.

Viven en la extrema pobreza o como dicen algunos en exclusión total, pero aún así estos humanos prefieren aquí que en Haití, pues allá el sabor de la vida es más amargo.

La situación rompe el alma a cualquier ser humano cuando en vez de la adulta es un niño, quizás con tres, cuatro o cinco años quien se arrima al vehículo a pedir.

En ocasiones, estos pequeños no ven al conductor, quien montado en una lujosa pipeta o una camioneta 4×4 están muy altos, por lo que entonces el niño o la niña toca la puerta para llamar la atención, muchas veces si lograr el objetivo, por lo que debe retroceder y esperar otra oportunidad.

Aunque las grandes intersecciones han sido blanco perfecto para estos hambrientos, últimamente ocupan también plazas comerciales.