Pasión y oftalmología
Escoto es especialista en cirugía de las patologías intraoculares

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El cuadro era perfecto, parecía haber logrado todos sus sueños. Estaba felizmente casado, con dos hijos y disfrutando de gran reconocimiento en la práctica de  oftalmología, su gran pasión, que ejercía en la clínica Barraquer, de Barcelona, España, mayor centro de referencia y  prestigio mundial en esa especialidad.

También se había acostumbrado al estilo de vida de la cosmopolita ciudad europea, donde hizo hogar durante casi 20 años.

Sin embargo, algo faltaba para completar la felicidad  del doctor Remberto Escoto que, a sus 44 años de edad, no había logrado el mayor de sus anhelos: ejercer la medicina en su natal Santo Domingo.

Así llegó hasta nosotros; un poco tímido, pero muy elocuente y sin reservas al expresar la alegría de estar de vuelta con toda su familia desde julio pasado.

Escoto ofrece sus servicios en la Torre Medicalnet, de la calle Rafael Augusto Sánchez  45. Es fundador del Instituto de Patología Ocular. Tiene especialidad en cirugía de vitrio-retina, inflamaciones oculares e infecciones, diabetes ocular y  patologías intraoculares.

“La oftalmología es mi juego”, dice, como si se imaginara en la sala de cirugías poniendo a prueba sus largos entrenamientos y justo antes de reparar en los espejuelos que utiliza esta redactora, a quien amablemente le practicó  un rápido examen en una de las oficinas de esta redacción.

Regresando a los puntos pautados para nuestro encuentro, Escoto explica que de repente,  el hecho de visitar el país y a su familia hasta tres veces al año se había hecho insuficiente y que tanto él como su esposa,  también dominicana, vacilaban constantemente  la idea de regresar.

“Siempre he tenido en mente venir y desarrollarme aquí, para aplicar todo lo que me han enseñado con mi gente”, se confiesa.

Muestra de ello son los recuerdos y detalles que abarrotaban su consultorio en España y que fue apilando soñando con que algún día decoraran su oficina en Santo Domingo.

Las fotos, banderas, piezas de artesanía, estatuas y otros recuerdos están regados por  todas partes.

La comparación

Escoto dejó el país cuando apenas tenía 25 años de edad y recién egresado del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC). Su llegada a la Clínica Barraquer le abrió las puertas a una forma de ejercer la medicina en que los insumos y la tecnología de punta eran garantizados.

Lo mismo ocurría con el acceso constante a amplias fuentes de investigación.

De más estar decir que era todo un reto regresar al país, donde la clase médica se ha destacado por sus constantes luchas por un aumento salarial y dignas condiciones de trabajo.

Sin embargo, todo esto, sumado a  las evidentes desigualdades en el acceso a atenciones especializadas no fue siquiera un factor de discusión al momento de regresar al país, ya que como él mismo admite “en República Dominicana hay muchas cosas malas en todos los sentidos, pero también muchas cosas buenas en todos los órdenes”.

Ni  los constantes interrogatorios de amigos, familiares y colegas de por qué la decisión de volver hicieron tambalear la importante decisión.

Sólo el futuro de sus pequeños Alejandro, de seis años y María Eugenia, de tres, llegó a perturbar a la pareja que alguna vez se preguntó si tendrían acceso a igual nivel educativo en el país. Sin embargo, rápidamente ambos se dieron cuenta que ellos  son testimonio de los buenos centros educativos criollos.

La adaptación

“En la calles de la ciudad hay muchos más carros que antes”, bromeó Escoto, al momento de nombrar la cosa a que se le ha hecho más difícil acostumbrarse a su llegada al país.

Un detalle.  Algunas de las cosas que más le sorprendieron al iniciar su nueva vida en el país fue el recibir una carta de las autoridades   locales.

La misiva le informaba sobre la ubicación de  las escuelas más próximas a su residencia, de acuerdo a las edades de sus hijos, de forma que  tuvieran que hacer el menor desplazamiento en su rutina diaria.

Primero, la familia

Al conversar sobre su experiencia profesional y académica dentro y fuera del país, Escoto parecía no poder  evitar relacionar cada tema con su vida de familia, y sobre cómo sus decisiones  impactan al seno del hogar. 

Si este eminente oftalmólogo podía ser locuaz al hablar de oftalmología, más lo era aún cuando el tema eran  su esposa e hijos.

Evidentemente orgulloso de su “pandilla”, intentó varias veces que esta redactora se propusiera iniciar su propia familia “lo antes posible”, ya que en sus ojos se trata de una vivencia que no se puede perder, especialmente en caso de la mujer.

 Se trata de un profesional de metas y proyectos, y aunque en su familia hay una tradición de médicos es mucho lo que falta por escuchar del apellido Escoto.

Precisamente trabaja en un libro sobre enfermedades inflamatorias de la vista que,  arrojará luz a otros profesionales del área.

“Estoy seguro que haré la misma medicina que estoy acostumbrado a hacer y a aplicar todas las cosas que he aprendido”, promete.

Las claves

1.  Tradición en salud

El doctor Remberto Escoto es un hijo de un prominente radiólogo, pero decidió especializarse en la oftalmología que realizó en la clínica Barraquer de Barcelona, España. Estudió la medicina en el país, en el Instituto Tecnológico de Santo Domingo (Intec).

2. La misión que cumplir

A pesar de haber alcanzado los 18 años ejerciendo la oftalmología en el renombrado centro Barraquer, Escoto se propuso algún día regresaría a ejercer en el país.

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