Paradigmas de un loco

Paradigmas de un loco

Si desde ultratumba don Miguel de Cervantes me lo permite, parodiaré de inicio con un lugar del mar Caribe de cuyo nombre sí quiero acordarme, no hace mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor… La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, con  tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra hermosura.

Hace alrededor de medio centenar de años que el orate del presente relato ha venido observando cómo en claras circunstancias no aclaradas, hombres uniformados matan a hombres sin uniformes, hecho por el cual  se forman comisiones con uniformes para que indaguen los pormenores de los sangrientos actos, para que así  luego elaboren un informe que a consecuencia de un estreñimiento crónico severo nunca llega a ser evacuado. ¡Justicia! clama en su estado demencial nuestro personaje para encontrarse con el eco que retumba desde las cordilleras septentrional, central y meridional. Al pico Duarte llegan los clamores del atormentado desquiciado, nadie parece oírle, ni darse por enterado. Piensa que la sordera colectiva se debe a que el palacio donde se guarda la encantada silla de alfileres está embrujado por una pintura colorada. Desesperado el tunante llena unos tanques de pintura blanca y brocha en mano pinta el capitolio con la blancura de su sano espíritu. Termina como buey cansado y sin antorcha pero con más muertos y comisiones que antes.

No se da por vencido el psicópata y siente que sencillamente se equivocó de color debido a que no escuchó la consigna clave: “Ni blanco, ni colorao”. Con el rostro sonriente,  lleno de mucha fe y grandes esperanzas retoma su trabajo. Agarra el pincel con ferviente y amoroso pulso, dibuja una estrella amarilla y pinta el palacio de morado. Espera un tiempo prudencial a que seque la pintura; ¡Oh sorpresa! Siguen formándose las comisiones. Y es que el mal no está en la escogencia de los colores, el asunto no es tan sencillo, la temática es más complicada. ¿Cómo hacérselo entender a un sujeto sin tino?

Te mato, y tú, ¿Cómo lo pruebas una vez estés muerto? La duda favorece al reo. El fenecido al hoyo y el vivo al goce, reza el dicho popular.

Matar es la quinta carga que le quebró el hombro a Moisés. Mata el que puede sentencia el filósofo, perece el más débil escribe Darwin desde la selva. La muerte trae más paz a los cementerios. En domingo te confiesas y te absuelve el perdón de los pecados con una vida perdurable, amén.

¡Pobre loco!, ni tú entiendes, ni te comprenden. ¿Comprendes?