¿Para qué sirven los indultos?

¿Para qué sirven los indultos?

Con una mezcla de intensa indignación y frustración, hemos visto en el pasado reciente cómo nuestro Presidente ha concedido indultos a empresarios del transporte condenados por corrupción, a una funcionaria bancaria condenada por el caso Baninter, a dos nacionales francesas acusadas de narcotráfico, entre otros.

Esta figura, colocada en el devenir histórico mundial como una “gracia” concedida por el monarca, simplemente no tiene razón de existir en las democracias modernas. Más aún, no puede sostenerse desde el punto de vista legal, social o económico.

En efecto, desde el punto de vista legal, la figura del indulto contradice dos pilares del Estado democrático de derecho: la igualdad y la separación de poderes. La igualdad es un valor, principio y derecho fundamental.

Cuando el Poder Ejecutivo emite un decreto concediendo el indulto, quebranta esa igualdad de la que es deudor como representante de todas y todos los dominicanos. Y es que el indulto obedece a la discreción del Presidente, quien no tiene que rendir cuentas o justificar el mismo, puesto que la figura está vagamente regulada. 

En cuanto a la separación de poderes, al conceder un indulto el Presidente anula en la práctica los efectos de una sentencia definitiva de los tribunales de la República, los cuales ostentan la exclusividad en la tarea de administración de justicia de acuerdo a lo previsto en nuestra Constitución, tanto la que agonizó como la que se promulgó el pasado  26 de enero. Esto sin mencionar los efectos del indulto sobre los derechos de aquellas víctimas de las infracciones que el Poder Ejecutivo simplemente perdona.

Desde el punto de vista social, el mensaje enviado por el Poder Ejecutivo al conceder un indulto crea altos niveles de irritación en la población, minando las bases de la gobernabilidad.

Ha sido tan irregularmente utilizada esta figura que podría argumentarse que para recibir un indulto solo hace falta movilizar una parte del transporte, hacerse el loco o el enfermo o ser nacional de un Estado cuyas relaciones sean convenientes, ¡oh la la!

Cabe destacar que uno de los elementos esenciales para la convivencia pacífica es la obediencia civil, que no es más que la creencia de que las leyes deben ser respetadas por las y los ciudadanos porque tienen la función de organizar la sociedad y porque su incumplimiento acarrea sanciones a los infractores.

Al conceder un indulto se empuja a irrespetar la ley, o por lo menos a sentir que solo aplica cuando tienes la mala suerte de no estar cerca del poder. 

No menos importante, el indulto es también inaceptable desde el punto de vista económico. Son nuestros impuestos los que dan vida a de la maquinaria estatal, encarnada en los Poderes Públicos.

En su totalidad, los recursos administrados por el Poder Judicial, cuya cabeza es la Suprema Corte de Justicia, son destinados a la tarea de administración de justicia.

A la República Dominicana le cuesta millones de pesos mantener este engranaje en funcionamiento.

Entonces, ¿hacia dónde van los recursos invertidos en emitir una sentencia definitiva en todo su trayecto desde el Tribunal de Primera Instancia hasta la Suprema Corte de Justicia?  

Por todas estas razones de orden legal, social y económico, el indulto es una figura que contradice la esencia democrática y debe ser extirpada de nuestra Constitución.