Para contar rápido

Para contar rápido

JULIO BREA FRANCO
El nuestro es un medio de juicios prematuros, conjeturas, especulaciones inventadas, afirmaciones graciosas y convicciones de oídas. Afirmamos cosas sin que medie el menor esfuerzo para verificar que lo que se dice corresponde a la realidad de los hechos.

Es la cultura que el doctor Juvenal Urbino de «El amor en los tiempos del cólera» a su regreso de París a raíz del fallecimiento de su padre, al entrar a la bahía de Cartagena la describe con amargo lamento.

No se sabe de dónde se saca eso de que en las elecciones dominicanas, en particular desde las de 1982 a las más recientes, que la Junta Central Electoral, en el levantamiento de esos cómputos electorales, ha sufrido interrupciones en el suministro de la energía.

Únicamente en las presidenciales de 1996 momentos antes de emitir el primer boletín, a las 11 de la noche del 16 de mayo, se produjo un breve fallo interno en la sede central del edificio que fue muy bien manejado por el Presidente de entonces  Cesar Estrella,  quien compareció ante las cámaras y ofreció las explicaciones de lugar.

Salvo ese caso excepcional, nadie puede demostrar que eso haya ocurrido. El que quiera comprobarlo solo tiene que tomarse la molestia de indagar en la prensa y las crónicas de las elecciones en los últimos 26 años. No encontrara nada pues no ha ocurrido. Sin embargo, es muy lamentable que hasta directores de periódicos en programas de televisión y radio en varias elecciones afirmen lo contrario una y otra vez. Por tanto, no hay razón para andar con aspavientos de que eso puede suceder en las de mayo venidero.

La JCE se apresta a invertir unos 200 millones de pesos en un proyecto de aceleración del cómputo electoral. Según se ha afirmado se pretende que a medianoche del mismo 16 de mayo se pueda disponer de un porcentaje superior a 50 por ciento de las mesas electorales. En concreto se busca, según declaraciones vertidas en la prensa, que en unos 106 recintos electorales (lucen muy pocos con relación a un total de más de 3 mil 800) que agrupan numerosas mesas cada uno, que los resultados luego de realizado el escrutinio primario, sean transmitidos directamente a las Juntas Electorales para que estas procedan a configurar sus boletines y a su vez lo transmitan a la sede de la JCE para realizar la sumatoria nacional.

Se busca acortar el tiempo que implica el traslado físico de la información desde las mesas a las Juntas que, en general, toma algo más de dos horas. Habrá que ver cuántas mesas, en esos recintos, serán incluidas. El experimento es importante como intento de aceleración en el procesamiento y difusión de la información. Pero no necesariamente podrá alcanzar este propósito optimista. Hay otros factores de índole política que influye en la ralentización del proceso.

Un cómputo presidencial es mucho más ágil y menos complejo que el de unas congresionales  municipales. Aquel implica un volumen menor de informaciones y más sencillo el cálculo que cuando hay que aplicar votación preferencial y votación no preferencial.

De todas maneras es conveniente examinar los datos de los cómputos electorales, en particular de las tres presidenciales. En 1996 el cómputo completo duró 119 horas e implicó 26 boletines a una velocidad promedio de 83 mesas por hora. En las del 2000 se extendió por 23 horas con 487 mesas por hora. Las del 2004, 39 horas a razón de 313 mesas por hora. Se aprecia cómo el desarrollo de la tecnología ha impactado positivamente. En cuanto al tiempo requerido para ofrecer el 60 por ciento de las mesas, en 1996 fue de 14 horas y 15 boletines; en el 2000, tan solo seis horas con seis boletines; en 2004, 14 horas y seis boletines.

Ahora, para llegar al punto de irreversibilidad definido como el momento en que la diferencia entre la mayoría y la primera minoría es superior al porcentaje faltante para su conclusión, esa es una variable no estándar: en el 2004 se alcanzó en el boletín 8 después de 15 horas.

Estas han sido las marcas históricas. Ya veremos qué se logra con estos 200 millones de pesos.