Oye multitud
Viviendo como pacificadores

<STRONG>Oye multitud<BR></STRONG>Viviendo como pacificadores

Todo creyente debe ser un pacificador
CLAUDIA HERNÁNDEZ DE ALBA
Claudiahdez-07@hotmail.com
Bienaventurados los pacificadores porque ellos serán llamados hijos de Dios. Podemos y debemos vivir como pacificadores, y emplear principios cristianos en cada relación personal. El mundo necesita pacificadores, o más bien, al pacificador, a Jesucristo. Como representante de Cristo, todo creyente debe ser un pacificador (1) entre Dios y la gente, y (2) entre las personas que tienen conflicto. La mejor forma de ser un pacificador en ambos casos es hacer que la gente se convierta en siervo o sierva de Jesucristo, presentándoles al Salvador.

El amor de Dios es extraordinario. Es sobrenatural. A medida que los creyentes manifiesten este amor extraordinario, los pecadores serán atraídos a Cristo. Si fallamos en demostrar el amor de Cristo, al no permitir que el Espíritu manifieste su fruto en nosotros, seremos responsables de los que se pierdan porque no pudieron ver a Cristo en nuestra vida.

Como hijos del Padre Celestial, los cristianos deben amar a sus enemigos (sus perseguidores) para ser hijos del Padre. Mateo  hace una comparación entre el amor del cristiano y el amor de Dios (Mt 5:45). Jesús indicó que el amor de Dios verdaderamente es universal. Nuestro amor debe ser igual.

El asunto aquí no es la salvación. Jesús no quiso decir que el amor que una persona tiene por los demás la salvará. El amor por los demás viene a ser una evidencia de una relación ya establecida con Dios (Jn 13:35).

Cuando el mundo ve a los cristianos amando a sus enemigos, es prueba de que verdaderamente son hijos de Dios. No basta con afirmar que somos hijos del Padre, nuestras obras deben demostrarlo. Los versículos 46 y 47 enseñan que los cristianos deben separarse del mundo en cuanto a acciones y actitudes, que unirse al ambiente del mundo no atraerá a otros hacia Cristo.

Jesús nos dio una meta cuando se refirió a la perfección. No tenemos que ser perfectos en el sentido de ser omniscientes, omnipotentes y los demás atributos de Dios, mas bien debemos procurar vivir dentro de sus normas de no pecar. Y el fundamento de esas normas es el amor divino. El amor que lo condujo a enviar a su Hijo a morir por los pecados del mundo fue un amor perfecto. Con la ayuda de Dios, ese mismo amor puede fluir en la vida de todos los creyentes.

“Unánimes entre vosotros” (v 16) es una conclusión adecuada para el versículo 15 del capítulo 12 de Romanos “Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran.”

Identificarse con cualquier sufrimiento que la otra persona esté pasando es la mejor manera de convertirse en amigo de un enemigo  es vencer el mal con el bien (v 21).

Ya sea que la gente lo trate  a uno bien o mal, si vive según este principio, le ayudará a tratar a los demás como Dios desea que lo haga.

Para vivir en paz con los demás, el creyente debe tener una vida ejemplar, debe mantener las normas de Dios. La responsabilidad de vivir en paz recae sobre el individuo. En cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todo el mundo (Romanos 12, 18), uno debe hacer lo posible por procurar la paz.

Si el esfuerzo de buscar la paz falla, la culpa no debe ser del creyente.