Otra República Dominicana es posible

Otra República Dominicana es posible

He escrito en mis últimos artículos que el doctor Leonel Fernández domina hoy la escena política y que los hechos favorecen sus planes de erigirse en árbitro de las elecciones del 2012, para retornar de nuevo al poder en el 2016, quién sabe por cuantos periodos consecutivos.

Los últimos artículos de Rosario Espinal y César Pérez explican muy bien sus maniobras y habilidades y los aires que lo favorecen. En vías de consumarse sus maniobras, éste se concentrará en facilitar, vía el uso abusivo del presupuesto, un buen desempeño del PLD en las elecciones de medio tiempo y en amarrar aún más las alianzas para terminar de constituirse en la cabeza e inspirador del más prolongado dominio  conservador en el país, en toda su historia republicana.

La llamada oligarquía dominicana, la heredera de septiembre de 1963, del 28 de abril de 1965 y de los doce años de Balaguer, y ahora remozada con el inmenso negocio del narcotráfico, de la delincuencia organizada y de un incremento inusitado de su característica oligopólicas de dominio de la economía, observa atenta desde su dominio absoluto de la comunicación y de los demás mecanismos de imposición de los valores dominantes en la sociedad, el curso de los acontecimientos, prestos siempre a capitalizar las nuevas formas de dominio económico.

El país carece de planes ni de rumbo. Va camino de gastar todo el presupuesto en los 600,000 empleados, en algunas obras generadoras de suculentas comisiones y en el pago del servicio de una deuda externa que sobrepasara los doce mil millones de dólares y que no le quita el sueño a ninguno de los funcionarios del gobierno.

Mientras tanto, el crimen de la cementera en Los Haitises, con todos sus entretelones, nos anuncia que el gran capital centrara sus técnicas de acumulación, a través de las concesiones de parte de nuestro territorio, sea para producir cemento, oro u otros metales, grandes cadenas hoteleras o el lucrativo negocio de la especulación inmobiliaria. Cuando se destape el escándalo de que casi la mitad del territorio nacional esta “concesionado” a grandes carteles extranjeros y nacionales, se podrá apreciar las razones por las cuales decimos que el crimen contra Los Haitises no es más que la punta del iceberg.

Construir una oposición política a ese partido único con tres colores y a la cabeza del conservadurismo en el país, y forjar redes de comunicación alternativa que neutralicen el dominio monopólico e inmoral de la comunicación y de la formación de opinión pública, se va a ir constituyendo en “la tarea”, con la cual podremos soñar con que “otra República Dominicana es posible”.