Otra carta forense a los diputados

Otra carta forense a los diputados

SERGIO SARITA VALDEZ
En sus Crónicas de la Edad de Oro, el apóstol de la independencia cubana, José Martí, escribió en 1882: «Hay hombres que viven contentos aunque vivan sin decoro. Hay otros que padecen como en agonía cuando ven que los hombres viven sin decoro a su alrededor.

En el mundo ha de haber cierta cantidad de decoro, como ha de haber cierta cantidad de luz. Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en si el decoro de muchos hombres». Es el mismo poeta de la mayor de las Antillas quien también lanzaría estos inmortales versos sencillos: «Con los pobres de la tierra quiero yo mi suerte echar; el arroyo de la sierra me complace más que el mar».

He querido iniciar esta misiva tomando como punto de apoyo el pensamiento puro y sublime de aquel hombre pequeño de estatura física, pero grande de espíritu, cuya existencia material del siglo XIX sigue con plena y refrescante vigencia hasta el presente. Lo hago en un momento histórico en que los valores morales escasean en medio de una indolente sociedad de consumo, en donde, gente sin alma y sin corazón, anda detrás de realizar su acumulación originaria de capital a lo que cueste.

Tomando como premisas las sabias guías de esos principios martianos, deseamos reiterar de un modo claro y preciso nuestra oposición a la creación de una retocada Organización No Gubernamental, la que a manera de monopolio llevaría a cabo todos los peritajes forenses requeridos por la Justicia dominicana. En apoyo a nuestra posición deseamos transcribir el párrafo del acápite 14 del segundo artículo del proyecto de ley que crea el Instituto Nacional de Ciencias Forenses. Dice el susodicho párrafo: «El Instituto Nacional de Ciencias Forenses es dentro de las instituciones públicas de la República Dominicana, la única facultada para expedir los informes y peritajes requeridos por el Sistema de Administración de Justicia de la República Dominicana, sin perjuicio ni limitación a las facultades de las partes participantes o involucradas en procesos litigiosos o no, que por su índole puedan requerir de la presentación de sus propias pericias y medios probatorios, de conformidad con las normas procesales vigentes».

De igual manera nos oponemos al aumento de la carga impositiva a los bolsillos de las familias pobres dominicanas que son en la cotidianidad las que llenan el fardo de requerimientos de solicitudes de experticios forenses, pues los dominicanos humildes y desheredados de la fortuna constituyen el grueso de los agraviados del delito y el crimen en la República Dominicana. Como muestra de la solapada intención del susodicho proyecto transcribo el acápite seis del artículo ocho de la sección I acerca de las Funciones del Consejo Directivo del INACIF: «Aprobar la solicitud del Director del Instituto en relación con el anteproyecto de gastos anual del Instituto, así como cualquier solicitud adicional de los fondos que surjan del Instituto». (Las negritas son mías). Llamo la atención acerca del hecho de que no hay un solo artículo, ni acápite en donde se establezca de manera clara, precisa y sin ambigüedades, ni sujeto a interpretaciones, el compromiso de realizar todos los peritajes médico-forenses, incluidas las pruebas de ADN, de un modo completamente gratuito a la población. Puesto que lo que la ley no prohíbe se puede hacer, hemos de deducir que tan pronto entre en vigencia esta ley los pobres elevaran sus gritos al cielo cuando no puedan pagar por cada uno de los servicios forenses requeridos. Tendremos una justicia sin equidad ni piedad para los menesterosos que en su mayoría llenan los distintos pueblos y campos de la nación dominicana.

No menos preocupantes son las cualidades que requiere dicho proyecto de ley para ser Director General del Instituto Nacional de Ciencias Forenses. Transcribo dichos requisitos: 1.  Ser dominicano. 2.  Estar en pleno goce de los derechos civiles y políticos. 3.  Haber obtenido grado académico en una de las ramas de las ciencias naturales. 4. Diez años de experiencia en áreas de laboratorio, criminalística o áreas forenses. 5. Experiencia gerencial». Como podrá observarse, dicha posición no exige profesionalidad ni especialización alguna, a lo sumo tal vez un bachillerato y diez años de experiencia aunque sea cuidando la jardinería de un laboratorio de velones, sin menosprecio de estas empresas. Hemos redactado esta comunicación para, como Poncio Pilatos, decirle a ustedes: «Yo soy inocente de la sangre de este justo, sean responsables ustedes». Sabemos que hay momentos en la historia, y este es uno de ellos, en donde se impone la avasalladora fuerza del poder muy por encima del poder de la razón. En tal situación es preferible caer abrazado de la última y no arrodillado al primero.