¿Orgullosos de ser dominicanos?

¿Orgullosos de ser dominicanos?

DARÍO CONTRERAS
Toda mi vida he llevado mi nacionalidad con orgullo al igual que, espero, la mayoría de los dominicanos. Sin embargo, hay ocasiones en que cuestiono si mi apelativo de ciudadanía debe ser motivo de orgullo. Recuerdo que cuando la dictadura de Rafael Trujillo el decir dominicano era suficiente para recibir una sonrisa burlona o hasta un comentario alusivo al régimen de fuerza que nos sojuzgaba, de la misma manera que cuando nuestro país fue ocupado por potencias extranjeras.

El incremento de las posibilidades para viajar hacia otros países me ha traído, de nuevo, esa turbación sobre mi orgullo de ser dominicano, especialmente cuando deseamos visitar el Viejo Continente, cuna de los que nos conquistaron e introdujeron al llamado mundo moderno de la economía y las finanzas internacionales, no sin antes haber depredado nuestras riquezas a base de sangre y fuego, con un manto de religiosidad que no fue suficiente para evitar el exterminio completo de pueblos aborígenes americanos.

¿Sabían ustedes que la República Dominicana pertenece a un exclusivo club de cinco países latinoamericanos que necesitan visa para visitar a los estados miembros de la Unión Europea?  Estos países son: Colombia, Cuba, Haití, Perú y nosotros. ¿Se han preguntado alguna vez por qué nos han segregado de los otros quince países fraternos que no necesitan visa para ingresar a territorio europeo? Podemos intuir las razones para excluir a Colombia, Cuba y Haití de los que no necesitan visa.  En cuanto a Perú, no estamos seguros. ¿Pero, y nosotros?  ¿Qué razones de peso tienen los europeos para querer controlar tan de cerca el acceso de los dominicanos hacia sus territorios?  ¿Por qué esa discriminación hacia los dominicanos cuando mantenemos tan buenas relaciones diplomáticas con las naciones europeas?

De los quince miembros de la Unión Europea (UE), trece de ellos son signatarios del Acuerdo de Schengen en el que se establecen las medidas comunes para el visado de nacionales no pertenecientes de estados miembros de la UE. Mediante este acuerdo, los firmantes del mismo hacen valer los mismos requisitos para otorgar dispensa o exigir visado a los no miembros de la UE, al mismo tiempo que permite a los nacionales de la UE el viajar de un país a otro sin necesidad de pasaportes o visas. El visitante a Europa solamente recibe un chequeo rutinario en el puerto de entrada y a partir de este momento puede desplazarse libremente hacia los otros países miembros de la UE, exceptuando a Inglaterra e Irlanda que no son signatarios del Acuerdo de Schengen y exigen visado aun para los mismos europeos. En este Convenio se establecen criterios generales de evaluación como inmigración ilegal, políticas públicas, asuntos de seguridad, relaciones exteriores con los países, asuntos de coherencia regional y reciprocidad para exigir el visado. En el caso dominicano hemos tratado de obtener una clara idea de las motivaciones por las cuales a Dominicana se le considera un serio riesgo migratorio. Ni la oficina local de la Unión Europea ni la Cancillería dominicana conocen a ciencia cierta, o quieren divulgar, las razones valederas por las que a nosotros se nos exige visado mientras que a otros países similares de la región se les exonera de este requisito.

Podemos especular y considerar cualesquiera o todas de las siguientes razones para este trato discriminatorio: gran cantidad de inmigrantes ilegales, entre los que se cuentan un buen número de trabajadoras sexuales; poca fiabilidad de los documentos oficiales dominicanos; drogas (¿?); terrorismo (¿?); corrupción; falta de una política coherente de migración dominicana; mal trato a los nacionales europeos y crímenes no resueltos que involucren a éstos; inclusión de Dominicana por compartir la isla con Haití; etc. Sabemos que cada país, o grupo de países, tiene pleno derecho de imponer las condiciones bajo las cuales acepta a nacionales de otra nación. Sabemos también lo dependiente que somos del turismo europeo, lo que nos coloca en una posición desventajosa para aplicar el principio de reciprocidad a los que nos imponen trabas para acceder a su territorio. Esto no impide, sin embargo, que el Gobierno Dominicano esté mejor enterado de las razones por las cuales los europeos nos consideran un alto riesgo y con esta información proceder a corregir el trato discriminatorio que recibimos, pues debemos aspirar a poder viajar como otros lo hacen desde Centro y Sur América. ¿Qué han hecho o hacen las autoridades dominicanas para subsanar esta enojosa situación?

Ojalá que las autoridades dominicanas no se hayan resignado a convivir con el reino del “tigueraje”, lo que obliga a la gran mayoría de los dominicanos a soportar la humillación y el sarcasmo cuando presentamos nuestro pasaporte en naciones que antaño fueron nuestros maestros en el arte de evadir la ley y de “acatar, pero no cumplir”. Además, no olvidemos que la principal finalidad del Estado es “la protección efectiva de los derechos de la persona humana”, siendo uno de estos derechos básicos el de libre tránsito.