Ordenamiento,  disciplina, respeto y bienestar social

Ordenamiento,  disciplina, respeto y bienestar social

A menudo lo he oído y lo he presenciado. Un dominicano  va hacia el aeropuerto. Quiere llegar bien alimentado y  en el trayecto come, bebe y tira por las ventanillas del vehículo, cáscaras de fruta, vasos y platos de plástico vacíos.  

Ya en el aeroplano, su conducta muestra mayor compostura, pero es al llegar a su destino cuando el cambio es espectacular. Se torna respetuoso de las reglas, habla en tono más bajo, si saca un caramelo del bolsillo guarda la envoltura o busca un zafacón para depositar el papelillo.

¿Por qué?

Porque en el ambiente vibra una disciplina generalizada. Algo de lo cual carecemos aquí. Y tenemos que obtenerla, mirándonos y evaluándonos objetivamente.

Nicolás Berdyayev, pensador religioso nacido en Kiev, originalmente simpatizante de la Revolución Rusa, quien luego, radicado en París, fundó una importante academia filosófica, afirma contundentemente que “El hombre es un enigma, y quizá el mayor enigma del mundo…un ser doble, contradictorio, polarizado en el más alto grado, tan cerca de Dios como de la bestia, noble y bajo, libre y esclavo, capaz de elevaciones y caídas, como de crueldad y egoísmo sin freno” (Berdyayev/Esclavitud y libertad del hombre).

Ante estas realidades, uno se pregunta si la buena libertad no requiere de una dosis de esclavitud, de sujeción a normas, y la respuesta es que sí requiere de un ordenamiento, de unas limitaciones. Por esa necesidad de establecer un equilibrio (muy difícil) entre blandura y dureza, entre concesiones e inconcesiones, es que resulta tan difícil gobernar bien y llevar adelante un país. Sacarlo progresiva e indeteniblemente de sus atrasos, de sus vicios e inconductas.

A pesar de constituir Santo Domingo el primer asentamiento europeo en estas regiones desconocidas, como suele suceder,  se copia más fácilmente lo malo que lo bueno y quienes han gobernado nuestro territorio, sea desde tiempos coloniales, revolucionarios, dictatoriales y más o menos democráticos, no copiaron las virtudes de los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, su habilidad política y sentido humanitario.

Copiaron los vicios de entonces y de después: La haraganería, la miseriosidad popular que contrastaba con el boato de la Corte Real, la lentitud en la toma de medidas, las prioridades erradas y malignas, el no importarle el sufrimiento del pueblo. Todo eso ha sido copiado en Hispanoamérica. Pero nosotros, aquí, donde empezó toda la “civilización” europea (podríamos decir “española”, pero toda Europa andaba igual) podríamos ser también “primadas” en deshacernos de lastres seculares y construir, poco a poco, sin descansos ni atrasos, un ejemplo de que “Sí se puede” como dijo Barack Obama…y en su caso está por verse.

Ya sé que los intereses de grupos poderosos tienen enorme peso (“Poderoso señor es Don Dinero”) pero, astutamente, como se requiere, podemos adecentar la política nacional.

El Partido de la Liberación Dominicana (PLD) encabezado por Leonel Fernández, tiene encima el abrumador compromiso de ser más fiel al pensamiento noble de Juan Bosch, aplicar una política correctiva, valiente e inconcesiva.

Y mantenerse en el poder.

Difícil, pero no imposible.