Nuestro muro

Nuestro muro

La inmigración furtiva es un grave problema socio económico para cualquier país.

Lo es tanto para potencias económicas como Estados Unidos, como para economías débiles, como la nuestra.

Para unos, la solución aparentemente más práctica es material y sólida y, sobre todo, costosa e impopular.

Para nosotros, en cambio, deberá ser dialéctica, humana, costeable y funcional, que permita un real control sobre la inmigración.

En ambos casos las economías dependen de los inmigrantes, que componen una fuerza de trabajo considerable e influyente en el Producto Bruto Interno (PBI).

Para tener una idea de esto, miremos hacia lo ocurrido el dia primero de este mes en Estados Unidos, cuando los inmigrantes paralizaron sus labores en demanda de reivindicaciones.

– II –

Gústenos o no, nuestra economía se ha ido haciendo dependiente de mano de obra importada, sobre todo haitiana, la mayor parte de la cual ingresa al país de manera ilegal.

La mano de obra haitiana se ha hecho influyente en la economía formal y en la informal. Está presente tanto en las labores agrícolas y la construcción, como en las ventas callejeras de alimentos y mercaderías.

Los haitianos vienen a buscar mejor vida de este lado de la frontera y nosotros necesitamos cada vez más de su mano de obra. La necesidad es recíproca.

Pero a pesar de esa necesidad, los dominicanos tenemos que construir un muro de contención, no en los términos físicos y materiales que Estados Unidos con respecto a México, sino de corte jurídico que permita contener la inmigración furtiva, que no sólo nos trae mano de obra productiva, sino también una abundante y penosa mendicidad que podemos palpar en nuestros semáforos, tráfico de drogas y de armas.

– III –

La presente coyuntura, con el ascenso al poder en Haití del presidente René Préval, crea las condiciones adecuadas para tratar en serio este problema.

Creemos que es la mejor oportunidad para entre los dos países acordar la construcción de un «muro» que permita a ambos beneficiarse del flujo migratorio.

Ambos países están obligados a crear los instrumentos necesarios para reducir la inmigración ilegal y establecer condiciones que permitan la contratación de mano de obra haitiana por medios legalmente controlados.

Ambos países deben comprometerse a sancionar con toda la fuerza posible la contratación de mano de obra ilegal y a desarticular, de lado y lado, las mafias cómplices dedicadas al tráfico ilegal de inmigrantes. República Dominicana y Haití necesitan consensuar la construcción de un muro hipotético o «virtual», pero efectivo, para contrarrestar la inmigración ilegal y sus graves implicaciones.