Noel paralizó  la vida en
varios municipios de Azua

Noel paralizó  la vida en<BR>varios municipios de Azua

POR CARMEN MATOS
DISTRITO EL ROSARIO
.- Azua.- A 19 días del paso de la tormenta  Noel, la vida en esta comunidad, reconocida como la más afectada de la provincia, permanece paralizada.

Los lugareños, que son en su mayoría damnificados, se pasan los días desenterrando sus casas y pertenencias de entre el lodo y los escombros que trajo la crecida del río Jura.

Así, lo que antes solía ser una laboriosa localidad repleta de pequeños negocios y activa agricultura, se convirtió en un deprimente lodazal que borró las escasas pertenencias de unas 300 familias, dejando  sepultadas miles de tareas de sembradíos  principalmente de plátanos, auyama y lechoza.

La comunidad, ubicada a unos 15 kilómetros del centro de la ciudad de Azua y con una población que sobrepasa las 3,000 personas, permanece en parte aislada, por lo que varias máquinas de la gobernación acompañan a los vecinos a abrirse paso por las montañas del fango que son hoy sus caminos vecinales y calles.

A todo, esto las ayudas, que llegan de diversos sectores, no dan abasto a la necesidad de los afectados que fueron arrebatados de todas sus pertenencias mientras esperaban el cumplimiento de una promesa de reubicación que data del año 1997, cuando fueron impactados por el huracán Georges.

Mercedes Cuevas, de 72 años de edad, es una de esas pobladoras a las que le tocó vivir ambas tragedias. Sin embargo, esta vez, como narró mientras corrían lágrimas por sus mejillas, su casita de madera y zinc no resistió  impidiendo que salvara lo que poseía.

La fuerza de voluntad parece ser lo único que mueve a esta señora, quien retomará su vida sola, ya que como explicó, sus hijos crecieron y su esposo murió hace unos años.

  Mercedes y otras mujeres del poblado atraviesan varios kilómetros diariamente en busca de agua potable, porque no tienen otra posibilidad de adquirir el líquido que se vende en camiones  cisternas  a RD$350.

“Aquí nadie salvó nada”, intervino  el vecino de enfrente, Rogelio Paniagua, mientras ponía al fuego las maderas y palmas que daban forma a su vivienda.

 “Uno está salvando solamente el espacio, dijo,   porque todo lo que había el río se lo llevó”.

 Paniagua y su familia son parte de las 283 personas que se  refugian en la escuela inicial y básica El Rosario, donde la precariedad obliga a la mayoría a dormir en el piso, mientras se van haciendo más comunes los brotes de gripes, fiebres y diarreas.

Allí los damnificados sobreviven aglutinados en las siete aulas del plantel y aprovechan el sol para poner a secar las todavía mojadas colchonetas en que duermen.

Aunque no se paralizó la docencia, porque se desarrolla en locales alquilados y casas de familia, los albergados se quejan de constantes  amenazas para que dejen el centro de estudios.

En tanto que unas diez familias viven en el local de la Iglesia Nuestra Señora de El Rosario de Fátima en condiciones de hacinamiento.

Empero, la realidad es todavía más triste para las 445 familias que se desplazaron a casas de familiares y amigos, donde no les llegan las ayudas mientras  comparten hasta cinco familias por casa, las mismas penurias y los mismos padecimientos.

En el limbo

Al exponer sobre las carencias   de la localidad, el regidor, Danerys Soto Méndez, obvió los millonarios daños a la ganadería y agricultura, y ni siquiera mencionó  las pérdidas de vidas y daños materiales.

Para este servidor  público la más urgente necesidad que requieren muchos de los residentes que perdieron todo, es de ayuda psicológica.

Soto Méndez manifestó preocupación por la cantidad de afectados que contó ha visto divagar por las calles con la mirada perdida y rumbo a ninguna parte.

Dijo que a él mismo, le ha tocado acercarse a muchos y aconsejarles sobre cómo hacer frente a la devastación, intentando que la desesperanza no se siga apoderando de la gente.

LOS ESTRAGOS DE NOEL

En Azua, Noel cobró la vida de ocho personas y otras 12 permanecen desaparecidas.

De acuerdo a declaraciones de la gobernadora, Nurca Nieves Luciano, muchas de las muertes se debieron a la imprudencia de los residentes que no tomaron las precauciones tras ser alertados.

La cifra de damnificados se acerca a las  15,000 personas, muchos de los cuales se albergaron en  casas de familiares y amigos.

El desabastecimiento de agua es  una de las prioridades de la provincia, donde los seis acueductos que suplen el líquido, fueron dañados por los escombros que trajeron las aguas.

 Sólo dos de ellos han sido restablecidos.

El municipio de Guayabal, que tiene cerca de 10 mil habitantes permanece incomunicado y a sus residentes se les transportan provisiones diariamente a través de una pala mecánica.

 El sector agrícola fue el más afectado, con  pérdidas estimadas sobre los RD$1,400 millones, por lo que la Federación Provincial de Organizaciones Campesinas Azuanas (Feproca) declaró el estado de calamidad pública.

El sector industrial también fue impactado por las inundaciones causando pérdidas de infraestructura y materias primas que aún no han sido cuantificadas.

 La provincia permaneció por más de cinco días incomunicada, producto de la caída de varios puentes.

Por el estancamiento de las aguas, una plaga de mosquitos afecta a toda la población  y son comunes los procesos gripales, diarreas y fiebres.

Aquí los damnificados de Noel, son los mismos de George quienes esperaban la terminación de unas 100 casitas que están en fase final.

Las principales autoridades estudian la posibilidad de aplicar un plan generalizado de desalojos.

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Crecida del río Vía impactó barrios populares de Azua
AZUA.-
La crecida del río Vía, que divide a los barrios populares La Nevera y Libertador de esta ciudad, dejó en la    indigencia a más de 20 familias cuyas casas  fueron arrastradas por los peñascos y escombros que trajeron las aguas.

Sin embargo, la desgracia  no frustró los deseos de superación y el instinto de Héctor Darío Pérez, quien con restos de madera y hojalata construyó para su esposa y sus cuatro hijos una pequeña rancheta.

Tras haberlo perdido todo, este hombre de 39 años de edad y oriundo de la localidad, afirma que “no se puede perder la esperanza”, por lo que instaló la vivienda en que narró duermen apiñados.

La frase es para el dirigente comunitario un modo de vida que le ayudó a superar la calamidad y que comparte con sus vecinos.

 “Aquí todos somos damnificados”, afirmó uno de los vecinos, quien  ocupa los terrenos de una casa en  construcción.

La técnica ha sido empleada por varios de los afectados, quienes han tenido que violar la seguridad de las edificaciones aún no terminadas, para conseguir un lugar  donde guarecerse durante la noche.

Los vecinos, que se aglomeraron con la  llegada de reporteros de HOY porque creyeron que se trataba de una entrega de donaciones, contaron como si se tratara de una leyenda popular que la única víctima registrada en el sector fue un borracho que se lanzó desde el puente a la embravecida corriente del río.

 Aunque muchos aseguran haberlo visto, el cuerpo no ha sido encontrado.

Un nuevo oficio

La tragedia de Noel tuvo como resultado una nueva ocupación que los lugareños reconocen como “echa día” y a la que se dedican todos los hombres de  estas barriadas.

Explicaron que el título hace referencia a los antes agricultores, albañiles y obreros de la construcción, que con la devastación que dejó el fenómeno, se han dedicado a esperar por cualquier tipo de oportunidad de trabajo “para obtener la comida del día”.