No es lo mismo llamar al diablo que verlo llegar

No es lo mismo llamar al diablo que verlo llegar

Cuando Viktor Yanukovich presidente derrocado de Ucrania, expresó apesadumbrado  y casi llorando la semana pasada su mea culpa al admitir que se había equivocado cuando invitó a Rusia enviar sus fuerzas a la provincia de Crimea,  puntualizó que: “Crimea es una tragedia, una enorme tragedia”.

 Esos llantos llegan tarde,  pues Europa tiene las patas para arriba  y ya se oyen los tambores de guerra. Ese es el problema y el precio que hay que pagar cuando usted negocia con el Diablo. Ahora promete intentar persuadir a Putin que devuelva la península, pero él sabe, que será un esfuerzo infructuoso, ese gavilán no suelta presa.

 Rusia ha violentado el tratado de Helsinki de 1975 sobre el respeto a la integridad territorial de los estados y el memorándum de Budapest de 1994  el cual estipula,  que Ucrania se desprendería de su arsenal nuclear heredado de la URSS, a cambio de que Moscú se comprometiera a preservar la territorialidad del país.

 Al anexarse Crimea, Putin ha incurrido en la violación más fragante de las últimas décadas al ordenamiento  internacional.  Los mercados financieros e organismos internacionales, confirman ahora que Putin es un autócrata nada fiable.

La Unión  Soviética que fue un estado federal socialista (1922-1991) con el Partido Comunista como único rector del país y una economía centralizada, se derrumbó solita ante los problemas económicos y disturbios internos. Simplemente, no pudo sostener un ejército del primer mundo con una economía del tercer mundo.

Ahora sucede lo mismo, con una economía del tamaño de Italia, Putin anda envalentonado con una  retórica nacionalista, y con son de bravata, diría yo.

Ahora Rusia amenaza a la Comunidad Europea,  que con sus 28 naciones tiene una economía 15 veces más grande, un gasto militar 10 veces superior y una población que triplica la suya. Todo esto sin entrar en la ecuación a los Estados Unidos.

Ante la embestida neoimperialista de Rusia al revisar el orden posterior a la guerra fría en Europa, la Unión Europea y Estados Unidos han hablado con una sola voz, como lo hicieron durante la guerra fría.

 Sin pretenderlo, Putin ha unificado a Occidente y ha permitido que Estados Unidos muestre nuevos bríos que se habían menguado al enfrentar en desventajas los conflictos de Siria e Irán. Hasta las Naciones Unidas, han salido de su ostracismo y mediante resolución apoyan a Ucrania,  lo cual  aísla aun más a Rusia.

 Pero si alguien quisiera cuantificar el daño que este señor ha infringido a su país, sólo revise los acontecimientos de esta semana. Los levantamientos y toma de edificios públicos en las provincias del este de Ucrania – auspiciados por los rusos parlantes – naturalmente con el apoyo de Moscú, darán paso irremediablemente,  al principio de una guerra civil de consecuencias impredecibles, no sólo para los ucranianos y esa región, sino también al planeta entero.

Los traidores a su  patria como Viktor Yanukovich, que pretendieron resolver problemas internos apoyados en poderes externos tienen el mismo destino de Federico, el protagonista de la ópera La Arlesiana, que canta la melancólica y bella aria  “El Lamento de Federico” en el segundo acto y en el próximo, se suicida largándose por la ventana.

Pero Yanukovich, no tendrá como intérprete a los tenores Plácido Domingo, Luciano Pavarotti o José Carreras que siempre nos deleitan con un aria, sino que terminará en el basurero de las historia, junto a los otros que traicionaron su patria.