Niños viviendo en la calle

Niños viviendo en la calle

ANTONIO SÁNCHEZ HERNÁNDEZ
En un estudio de Naciones Unidas sobre el tema descubrimos que existen unos 50 mil niños viviendo en nuestras calles. La principal razón para que los niños vivan en las calles son los maltratos físicos y psicológicos de padres y familiares. Se marchan de sus casas porque ahí pasan hambre, porque se les obliga a traer dinero y porque no soportan los golpes y humillaciones constantes de los padres.

Descubrimos que son hogares destruidos por padres y madres irresponsables, hogares con necesidades primarias insatisfechas. Son hogares donde los menores de edad no tienen derechos y donde los padres violan la ley de protección a los menores en función de una paternidad o maternidad irresponsable.

Descubrimos que las relaciones de los niños que viven en las calles con sus padres son evidentemente malas. El odio, el rencor o la indiferencia entre ellos es la norma. Razón por la cual los niños eligen la calle como su hábitat natural; sobreviven por ellos mismos. Duermen en lugares con poca higiene, a la intemperie, donde el concepto de hogar ya no es posible para ellos.

Descubrimos que de su habilidad para sobrevivir dependerá su alimentación, su higiene personal y su dinero, conseguido limpiando vidrios de carros o por vía de la caridad.

Descubrimos que parte de ese dinero es muchas veces utilizado para consumir drogas, tanto legales como ilegales, en detrimento de su alimentación. Es usual que estén dispuestos a drogarse o a robar con tal de conseguir dinero para la droga.

Descubrimos que la mitad de esos niños de las calles tiene en ellas relaciones sexuales. La tercera parte de ellos son niños sexualmente explotados por adultos.

Descubrimos que son niños con conductas muy agresivas. Esto puede ser un mecanismo de defensa para sobrevivir en ese medio tan difícil.

Descubrimos que tienen o respetan pocas reglas. Una de ellas es el respeto al territorio. Nunca roban la esquina a otro menor. No consumen drogas allí donde piden. Si roban no lo hacen en el sector donde duermen. Tratan de ser precavidos con las redadas, sin cambiar en lo más mínimos sus conductas.

Descubrimos que a pesar de las condiciones tan adversas, aprenden a conocer el peligro de las calles, continúan en ellas y se niegan a volver a sus hogares. Muchos de ellos han estado por algún tiempo en alguna institución que les ha prestado albergue. Sin embargo, la calle les atrae como un imán. Mientras más tiempo viven en las calles menos posibilidades tienen de una reeducación, acostumbrados como están a una vida con pocas reglas, donde la supervivencia es la norma.

Descubrimos que el comportamiento de los niños que traban en las calles es muy distinto a los que viven en la calle. Su ligazón con el hogar es fundamental. En primer lugar, los padres ejercen un control sobre sus vidas.

Descubrimos que aunque los peligros son los mismos y su iniciación sexual muy temprana, deben llevar dinero a la casa, tienen una obligación con la que deben cumplir. En ellos el consumo de drogas es menor que en los que viven en las calles.

Descubrimos que las relaciones con sus padres son mucho mejores que las mostradas por los menores que viven en las calles. Reportan llevarse bien con sus padres y exteriorizan su deseo de seguir viviendo en sus casas con sus familiares.

Descubrimos que son más escolarizados que los que viven en la calle. Asisten con regularidad a la escuela, actividad que cotejan con su horario de trabajo.

Descubrimos que su alimentación, higiene y salud en general es más positiva y adecuada que las de los que viven en la calle. Comen en sus casas y cuentan con alimentación casera. Están más supervisados por sus padres.