Narcotráfico, corrupción e impunidad destruyen país

Narcotráfico, corrupción e impunidad destruyen país

POR FERNANDO QUIROZ
La aglutinación de jóvenes en pandillas en diferentes partes del país está motivada, entre otras causas,  por la exclusión y marginalidad que se registran en muchos barrios y en una sociedad de consumo que enrostra el uso de finas marcas de ropas y vehículos.

El educador José Ceballos, con experiencia en trabajo social, y la antropóloga Tahíra Vargas, experta en violencia barrial, llamaron anoche a todo el conjunto social, poner atención a ese fenómeno que amenaza con destruir la seguridad ciudadana.

Ceballos entiende que el problema que afronta el país con las bandas juveniles, es una denuncia de lo que se tiene como sociedad y es un llamado a la atención de que la impunidad y la delincuencia, en términos generalizados, se ha convertido en parámetro.

El narcotráfico que permea los barrios y ese modo de vida de las bandas, son dos de los elementos de mayor peligro en la actualidad, sostuvo.

Dijo que la juventud está desprotegida, que es víctima y motivada a realizar a ese tipo de acciones, porque la práctica es a todos los niveles.

De su lado, Vargas dijo que se hace necesaria, una reflexión más profunda y seria del fenómeno de la violencia social, del estilo corrupto y delictivo de accionar y cómo esto permea a la cultura juvenil.

También, indicó, el gobierno debe intervenir de otro modo en este fenómeno de la delincuencia juvenil, tras señalar que la violencia y la represión sólo incrementan y agudizan el fenómeno.

Tampoco basta, manifestó, con esporádicos operativos de salud o deportes.

«Con matar a líderes de bandas no se resuelve. Este liderazgo se rearticula y fortalece con la violencia y la represión», precisó.

Vargas resaltó que en los medios de comunicación de prensa y en la opinión pública, cuando se habla de «delincuentes» y de «bandas juveniles», se estigmatiza el concepto asociándolo únicamente a los sectores populares.

Entiende que el ejercicio policial es cada vez más represivo contra esta población y el ajusticiamiento a los jóvenes delincuentes de estratos populares es cada vez más selectivo y más profuso.

En tanto, Ceballos criticó que no haya un servicio cultural dirigido a la juventud ni en los barrios marginales ni en otros sectores.

«Los clubes deportivos prácticamente han desaparecido y los culturales no existen. No hay una oferta organizada de grupos deportivos en esa zona», expresó.

Opinó que tampoco hay una labor de formación social de la juventud, por parte de instituciones del Estado ni de la sociedad civil.

Recordó que las universidades, a través de asignaturas y programas especiales, tenían mecanismos para atender a esa juventud a través de deportes, grupos literarios o de teatro.

ZONAS CALIENTES

En los barrios de la zona norte de la capital, que integran la denominada «zona caliente», desde Capotillo a Guachupita, residen unas 300,000 personas, estima Ceballos.

De esa cantidad, añadió, el 62% son jóvenes, pero se atreve asegurar que los ligados a pandillas no supera el 5%.

En esa zona sólo existen nueve canchas deportivas y tres de ellas no sirven. Muchas veces se corre el riesgo de que esas canchas se conviertan en un escenario de delincuencia, porque no están organizadas para atender el crecimiento de la juventud sana, explicó.

LAS NACIONES

Mientras en la acera contraria, desde la delincuencia, hay una oferta que encabezan las denominadas “Naciones”, alertó Ceballos.

Son grupos que hacen acciones de bandas y de pandillas, pero tienen una estructura orgánica donde articulan al joven y le ofrecen protección, recursos y la posibilidad de ser visto como una persona temida en su barrio.

Ceballos entiende que el joven más excluido, con menos posibilidades de educación, encuentra un refugio en “las naciones”, donde se aprende a delinquir.

«Las Naciones están operando en muchos barrios de la capital, se ha denunciado constantemente, y no se les ha puesto la atención pensando que es algo pasajero, pero es algo más allá de una simple banda y de un momento de la juventud».

VINCULACIONES

La mayor parte de los delincuentes que están en los barrios ricos o pobres tienen una vinculación con algún sector de la Policía que les permite impunidad, sostuvo Ceballos.

Muchos pandilleros, agregó, también encuentran apoyo en algunos sectores políticos, que les permiten operar sin grandes dificultades. 

MUCHACHAS

Al intervenir, la antropóloga Vargas llamó la atención sobre el incremento de muchachas, de 14 a 17 años, como integrantes de las pandillas.

 Incluso, dijo, muchos motivos de enfrentamientos entre bandas opuestas son las disputas por jóvenes de sexo femenino.

DEGENERACION

Ceballos analizó el caso del entierro reciente de Nino Cuboy, líder de una banda, cuyo ataúd fue envuelto por la Bandera Nacional. Le llamó la atención la multitud que participó en el sepelio y el uso de bebidas alcohólicas entre los asistentes, ante la presencia de agentes policiales.

Entiende que el uso de la Bandera Nacional por los miembros de las pandillas, fue como una manera de llamar la atención de la sociedad por su estado de exclusión y marginalidad a que creen están sometidos.

MARGINALIDAD

Un joven que ponga en un formulario de solicitud de empleos  que reside en Capotillo o Gualey, es seguro que será rechazado por la empresa a la que aspira ingresar, coincidieron los panelistas.

Ceballos cree que el país vive en situación organizada de delincuencia, donde gente que no tiene que comprar en una jeepeta, anda en esos vehículos, mientras los niños mueren en un hospital por falta de un medicamento.

Se necesita, insistió, que los jóvenes se decidan a buscar mejores caminos, que sean buenos profesionales y que con sus actuaciones contribuyan al desarrollo del país.

La situación de la delincuencia en el país, con la incidencia de las pandillas, es muy peor cada año y cada vez. 

Vargas también se refirió a la amplia brecha que existe en los servicios públicos en el país y puso como ejemplo que mientras se dan caravanas de autos de lujo en las calles de Santo Domingo, en muchas comunidades las casas tienen el piso de tierra.

MUSICA/ARMAS

Tanto en los estratos medios como en los estratos populares hay un tipo de música de preferencia en los jóvenes, independientemente de que pertenezcan o no a bandas: reggaeton, música electrónica, rock ácido o heavy metal.

En tanto, las bandas juveniles, tanto en estratos medios como en estratos populares, utilizan armas blancas (cuchillos, sevillanas, puñales) y pistolas.  Se destacan robos, asaltos de vehículos y venta de drogas.

La mayoría de las denuncias de «violencia» en los barrios están asociadas a los enfrentamientos entre bandas que se producen por: conflictos territoriales, asociados a mujeres o relaciones de pareja y conflictos asociados al control de puntos de drogas.

Vargas cree importante reducir la presencia de las armas en la población en general y más aún en la joven.

ANTECEDENTE

La licenciada Vargas dijo que aunque no se cuenta con datos ni estudios que registren la presencia de bandas juveniles en distintas etapas de la historia del país, estudios que realizó en 1999 le permitieron establecer que  la operación de esas organizaciones se remonta hasta antes de los años sesenta. Se enfrentaban por conflictos territoriales, por relaciones de parejas, por fiestas y actividades lúdicas.

En el país existen bandas juveniles en los distintos estratos sociales, en los sectores populares y en los estratos medios. Los elementos comunes presentes en bandas de sectores medios y de estratos populares son  las edades de los miembros, que cada vez es más temprana.

CARACTERISTICAS

Las bandas juveniles representan en los grupos generacionales de sociedades y etapas históricas distintas, una representación de contracultura juvenil que se asocia a:

. La masculinidad
. Formas de vestir
. Tipos de músicas específicas
. Identidad asociada al territorio
. Actividades delictivas
. Presencia de determinados liderazgo, líderes temporales.
. Tráfico y consumo de drogas.

Estos jóvenes se encuentran en su mayoría en el desempleo, una gran parte ha desertado de las escuelas y liceos públicos y en su entorno social no hay espacios de recreación para los jóvenes.

Otra característica de las bandas de sectores populares en es «tigueraje». Para los moradores de los barrios estos jóvenes no son tildados ni se autodenominan como delincuentes, sino como «tígueres», que es una representación simbólica de la cultura popular y estos jóvenes se autodemoninan «tígueres» porque se consideran en capacidades y actitudes más destacadas en su masculinidad y en sus habilidades para «buscársela» más que el resto de los jóvenes del barrio.

SECTORES MEDIOS

En los sectores medios, la presencia de las bandas de jóvenes es un fenómeno más oculto y menos público que en los sectores populares. La poca publicidad dada al fenómeno y el poco conocimiento del mismo tiene que ver con el manejo «privado» que hacen los sectores medios de sus problemáticas, así como las diferencias sociales que convierten a los sectores de medianos y altos ingresos como grupos de «poco acceso» y de un manejo «íntimo» de su cotidianidad.

Las bandas de estratos medios no se enfrentan en las calles de los residenciales de estratos medios como las bandas de los estratos populares. Sus enfrentamientos se trasladan a otros espacios no territoriales como son fiestas, plazas, bares y salida de colegios.

CONCLUSIONES

Tahíra Vargas  consideró que estudios de las bandas juveniles y de la cultura juvenil en nuestro país, están por hacerse. Se hace necesario, cree, que se estudie a profundidad este fenómeno, porque las afirmaciones que muchos analistas hacen sobre ello carecen de datos específicos y profundos sobre esta realiadad.

Si bien la violencia en su sentido general en nuestro país se incrementa cada día, por las formas de resolución de conflictos violentos, lo que se refleja en los jóvenes y especialmente en las bandas juveniles.

«Nuestra cultura está pautada por una corrupción y un ejercicio delictivo impune que ha sido permitido y legitimado socialmente. Sin embargo, vivimos condenando a los jóvenes de los estratos populares como si fueran los únicos delincuentes que existieran en este país», dijo.

LA DECIMA

Si tenemos delincuencia,
es porque se ha creado,
y nunca se ha castigado,
ni corrupción ni imprudencia,
por esto hay que hacer conciencia,
de justicia y rectitud,
pues a esta multitud,
se ha dicho en conversación,
que la real solución,
se encuentra en la juventud.
Juan María del Orbe

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esquinajoven@hoy.com.do