Nada nuevo en la seguridad social

Nada nuevo en la seguridad social

La atención primaria es un requisito establecido en la Ley 87-01, que la define  como “puerta de entrada” del sistema de seguridad social. No es una partícula extraña ni nueva en el sistema. No es algo que haya llegado a último momento y de manera improvisada. Como el Seguro Familiar de Salud, el sistema de atención primaria ha debido ser puesto en operación para que los asegurados reciban el servicio que los referiría a los especialistas médicos que necesitaran.

Con esta premisa en mente, es necesario entender que la atención primaria tiene que ser implementada, a menos que se decida modificar la ley de seguridad social para que disponga otra cosa. Desde luego, es necesario que se haga de manera armoniosa y bajo  coordinación entre los distintos actores de la seguridad social. De todas maneras, la Ley 87-01 traza las pautas necesarias para hacerlo.

La sostenibilidad de los servicios de seguridad social depende mucho de  que los costos sean manejables. Esta necesidad es una de la que justifican el esfuerzo de las autoridades por poner en vigencia los servicios de atención primaria que, como hemos dicho, no son un injerto ni novedad, sino parte de lo que dispone la ley. Corresponde armonizar este mandato de la ley con las inquietudes de la clase médica para que el sistema funcione de manera sostenible  y en beneficio de la salud de la población.

¿Cuál es la receta para la crisis?

El Gobierno ha mantenido invariable su esquema de gasto e inversión como medida de prevención ante una crisis financiera global que parece inevitable. Los cambios hechos por recomendación del FMI obedecen a motivaciones muy diferentes. Los planes de inversión en megaproyectos urbanos siguen en marcha y no ha habido un re-enfoque hacia el fortalecimiento de la producción y la ejecución de obras de gran impacto social.

Conviene tener presente el efecto negativo que una crisis financiera en las grandes economías provocaría en nuestros ingresos por concepto de exportaciones, remesas, turismo, inversión extranjera directa, crédito externo, cooperación internacional, y así por el estilo. Cada vez son más fuertes las posibilidades de una crisis de gran envergadura. Lo prudente es que reorientemos  el gasto y la inversión con un sentido más consecuente con la situación.