Muere joven padecía de leucemia

Muere joven padecía de leucemia

Por ALTAGRACIA ORTIZ GOMEZ
La muerte del joven Darío Antonio Peña Suriel, de 24 años de edad y quien estuvo dos veces listo para un trasplante que no se pudo realizar por falta de dinero, refleja la inequidad y deshumanización del sistema de salud de la República Dominicana, sostuvo ayer la doctora Doralisa Ramírez, hematóloga.

Los médicos que atendieron al joven Peña Suriel, afectado de una leucemia linfoblástica tipo T, no disimularon su dolor por una muerte que pudo ser evitada, si se hubiera trasplantado cuando estuvo listo.

Peña Suriel, un estudiante de séptimo semestre de Agrimensura de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), murió ayer a la 7:00 de la mañana en la Unidad de Oncohematología del Hospital General de la Plaza de la Salud. Fue llevado la noche anterior por disposición de la Primera Dama, doctora Margarita Cedeño de Fernández.

«Estoy satisfecha con el trabajo que hizo el equipo profesional del hospital Félix María Goico, pero humanamente una se siente desgarrado, porque el caso de este muchacho pone en evidencia las injusticias del sistema de salud», sostuvo la docts Ramírez.

El joven oriundo de la comunidad de Tireo, Constanza, fue diagnosticado hace dos años con una leucemia linfoblástica agresiva, pero no tenía el millón de pesos que requería el trasplante de médula y fue necesario posponer la intervención para una segunda oportunidad.

Sin embargo, esa segunda oportunidad llegó, porque logró la preparación, pero no se pudo hacer porque no había podido juntar el millón de pesos que se le solicitaba.

Con evidente sufrimiento, la doctora Ramírez aseguró que las posibilidades de vida de Peña Suriel se acortaban, porque no recibió el trasplante cuando estuvo listo para ello.

«Todo esto pone al desnudo las deficiencias del sistema, porque Dario Antonio Peña sobrepasó las expectativas de vida por una inducción, pero no pudo recibir el trasplante de médula», sostuvo la hematóloga.

El equipo médico que cuidó desde hace más de dos años a Peña Suriel estuvo compuesto por los doctores Doralisa Ramírez, hematóloga, Juan Sánchez, hematólogo y Saida Nuñez.

También recibió apoyo de las enfermeras, las bioanalistas, la dirección del hospital Félix María Goico, los familiares de los médicos y las enfermera y el personal de limpieza y conserjería.

El joven tenía la opción de un trasplante autólogo, en el cual el mismo paciente es autodonante. Se logra con las propias células del paciente. Era hijo único de padre y madre. Antes de morir pidió al Presidente Leonel Fernández que construya un liceo para la comunidad de Tireo, en Constanza.

Para sus médicos, el caso representó un reto, pues desde el inicio la enfermedad tenía un mal pronóstico y tenía involucrado varios órganos.

Peña Suriel entró en un estado de pancitopemia (una disminución de todas las células de su sangre) del que no pudo salir. Siempre mantuvo su deseo de vivir y su ánimo en alto.

Murió mientras su hermana de crianza, Yohaira Suriel le leía un texto bíblico. Tomó la mano de su hermana, la pretó y murió. Un día antes, pidió a la doctora Doralisa Ramírez, a quien llamaba su madre, que le diera un abrazo y beso. En los últimos días, producto de la toxicidad de la quimioterapia, fue afectado por algunas lesiones en la piel.

Murió con muchas ganas de vivir y ser útil a la sociedad.

En los últimos días de vida recibió el apoyo del Despacho de la Primera Dama, pero el mayor respaldo lo recibió de su familia, sus médicos y de la gente pobre que llegaba al hospital hasta con RD$50.0 para que le compraran los medicamentos. El doctor Gustavo Lazala, director del hospital también dio todo su apoyo para la compra de fármacos que eran muy costosos.