Mis buenos días

Mis buenos días

Con una frecuencia mayor que la deseable vemos en la prensa los excesos que cometen miembros de la Policía Nacional. Pero ninguno como el que nos reseñaron ayer los medios de comunicación, referente a la patrulla que disparó a un automóvil estacionado y en la unidireccional balacera mató de un tiro a una joven que llegaba a su residencia.

Son confusas y hasta contradictorias las versiones de cómo ocurrieron los hechos. Mas en ningún caso se puede justificar la brutal acción policial. Se ha llegado a decir que la pareja que estaba dentro del carro baleado estaba haciendo el amor dentro del vehículo, pero… ¿es motivo eso para caerle a tiros a un automóvil con gente adentro?

Se nos dirá que los integrantes de la susodicha patrulla policial serán sancionados por su exceso y por las trágicas consecuencias de su acción. ¿Basta con eso? Claro que no.

Aparte de que esos gatillo alegre merecen la pena máxima que contemplen las leyes, es necesario hacer una profunda labor profiláctica en las filas policiales. O mejor todavía, voltear como una media a esa institución, supuestamente del orden, que se llama Policía Nacional, para transformarla y talvez sustituirla por un nuevo organismo que sea creado con estricto apego a las normas modernas que rigen este tipo de instituciones en los países civilizados.

Algo hay que hacer con la Policía Nacional, antes de que los agentes y oficiales salidos de las cavernas que pululan en sus filas se impongan del todo por encima de los probos y meritorios miembros que todavía quedan en la institución, y acaben con todos nosotros.

Hay que hacer algo, pero ¡ya!