Mi personaje inolvidable

Mi personaje inolvidable

JOSE ALFREDO RIZEK BILLINI
Cuando los días eran más familiares que los de hoy, en que la férrea dictadura condicionaba la vida de mis tíos y primos, se salpicaban algunas notas agradables. Recuerdo la llegada entre las 4:00 o 5:00 p.m. la visita semanal, generalmente los jueves, que hacía el Dr. Viriato Fiallo a mi anciana abuela Cristina, aunque regularmente le chequeaba su presión arterial, la que unida a su consagración a la lectura y la religiosidad, le permitieron vivir 99 años y seis meses.

Generalmente la tarea médica era acompañada con un material de lectura, entre los que sobresalía la revista Selecciones, de un exquisito contenido y en la cual aparecía un artículo que la abuela nos leía con gran interés, «Mi personaje inolvidable».

Hacía el año de 1958 se mudó de la casa No. 39 de la calle Sánchez, antigua calle de La Cruz, don tuto Báez, uno de los mejores retratistas y fotógrafos que ha tenido el país. La casa marcada con el No. 39B, había sido vendida a un militar y en la 39A seguiría funcionando el estudio fotográfico de don Tuto Báez y sus hijos Manuel, Quico y papío.

La noticia de que un militar de la Policía Nacional se mudara en un pedazo de la calle Sánchez, en la que a pocas pisadas viviera nuestra familia desafecta al régimen, al igual que los Sánchez Sanlley y Pupito Sánchez, causaba gran preocupación y temor.

El nuevo vecino inició su vida familiar con gran reserva. Todas las noches a eso de las 8:00 p.m. un carro chevrolet negro con 3 agentes de la P. N. le recogía para hacer los servicios de patrulla. Recuerdo la expresión de los vecinos «ahí van los cuatro caifases».

Un buen día el carro negro Chevrolet dejó de ir a buscar al vecino y se le veía vestido de civil. Alguien se adelantó a decir que lo habían enviado para el Servicio de Inteligencia Militar (S.I.M).

Sin embargo, pese a la tristeza que se apreciaba en el vecino por su separación de la Policía Nacional, motivada según conocimos luego, por negarse a matar un enemigo político del trujillismo, el cual había sido llevado por Jhonny Abbes García al destacamento policial del entonces «Estadio Trujillo», hoy quisqueya.

Con esa actitud el vecino don Salustiano Llinás y Boregaurt demostraba a sus compañeros de armas que la cacareada frase de nuestros cuarteles «órdenes superiores, o en cumplimiento del deber», no eran para segar la vida de un ser indefenso.

Haber sido ayudante del general Ludovino Fernández y Federico Fiallo y no manchar sus manos de sangre, es algo que debería servir de ejemplo a nuestras generaciones nuevas de cadetes militares.

Pero el gran sentido del valor, don Salustiano lo demostró en una noche en que caían fuertes aguaceros, un contingente de «calieses» del S.I.M., rodeaban la manzana de la Arzobispo Nouel, Sánchez, Padre Billini y José Reyes para apresar un desafecto al régimen, cuyo hermano cayó valientemente en las montañas de Constanza. El perseguido entró en el anexo de la casa de don Salustiano, se identificó, siendo escondido hasta que el vecino hizo las conexiones para que lo recogiese un vehículo enviado por una determinante misión diplomática y estar a salvo de la muerte.

Como cosa curiosa, este perseguido político que le salvaron la vida en un acto de valor y riesgo, años después siendo vice-Rector de la U.A.S.D., cancelaba por sectarismo partidario, a don Salustiano de su modesto cargo de director del Registro Universitario.

En los días de Octubre de 1961, expuso su vida defendiéndonos de la barbarie policial de Tuto Colón. Fue expulsado hacia Puerto Rico y a su retorno al país fue nombrado como Inspector de Migración, siendo la persona clave del Fiscal Nacional, Dr. Rafael Valera Bernítez para evitar la fuga de los «calieses» del país.

En los días de la «Revolución de Abril», cuando dos guaguas celulares de cascos blancos fueron emboscadas en la calle Espaillat con Arzobispo Nouel, impuso su autoridad evitando que los «cascos blancos» heridos fuesen rematados «por miembros de la marina de guerra y combatientes, llevando unos once agentes heridos al hospital Padre Billini, los que salvaron su vida por las atenciones médicas de los doctores García y amiama.

cuando le tocó dirigir la dirección de Pasaportes, no aceptó las ingerencias de la Embajada Norteamericana para ponerle la coletilla «este pasaporte no es válido para viajar a Cuba, Rusia, China y demás países de la órbita comunista», lo que permitió salvar la vida de muchos militares y civiles constitucionalistas.

Don Salustiano Llinás y boregaur, hombre culto e inteligente, disciplinado y austero, fiel y sincero, amistoso, conversador, honesto a carta cabal, responsable, firme e intransigente nacionalista, será por siempre «mi personaje inolvidable».