MENSAJE EDITORIAL 295

MENSAJE EDITORIAL 295

«Es en el presente donde está el secreto;[br]se prestas atención al presente, podrás mejorarlo.[br]Y si mejoras el presente, lo que sucederá después[br]también será mejor. Cada día trae en sí la Eternidad.»[br][b]Paulo Coelho[/b]

Diciembre trae en sí el final de una etapa. Es el fin y el comienzo de nuevos retos que nos trae el año que se acuna en nuestros sueños. Enero se preludia siempre como la esperanza. La esperanza de lograr mejores cosas para nuestra vida. No es ningún secreto que el año que acabamos de vivir ha traído desesperanzas y estrecheces para muchos dominicanos, que ven sus ingresos devaluarse de cara a una economía inestable y a una perspectiva de mejoría nebulosa. Sin embargo, diciembre precisamente es el mes de cerrar etapas e iniciar nuevos sueños. Es la oportunidad de despojarnos de todo aquello que entendemos no nos ha sido benévolo para enfrascarnos con coraje a la captura de lo que entendemos nos pertenece. Como bien expresa Coelho, Ano podemos estar en el presente añorando el pasado@, porque ese mal recuerdo, ese presente desagradable y oscuro puede sin dudas, ser sustituido por nuevos retos. Hay que pasar la hoja, escribir nuevas y abundantes ilusiones, decidir vivir feliz con lo que tenemos y sacar del baúl de nuestro tesoro interior las innumerables e infinitas formas de lograr la felicidad. Una felicidad que obviamente está en el decidido propósito de no dejarse vencer por las dificultades, de no permitirse el lujo de repetir errores, de noApatinar@ obstinadamente en la queja inútil, en la amargura estéril, sino más bien, con la energía de aquellos que se creen y sienten vencedores, lograr construir un entorno de justicia, de paz y de amor. Usted y yo podemos lograr cambiar nuestro futuro solo si entendemos que el presente está pleno de oportunidades y sorpresas agradables. Los problemas y las crisis sólo son obstáculos para intentar descubrir nuestro potencial interno, nuestra creatividad y nuestro coraje. Redescubrir el inmenso caudal de oportunidades que a diario nos ofrece la vida, desde lo más insignificante y absurdo, hasta lo inaudito y a todas luces inalcanzable, es la respuesta a nuestra ansiedad frente al futuro. Vistámonos con la armadura de la fe, empuñemos la espada de la verdad y la batalla contra la adversidad será ganada. No nos detengamos a vislumbrar lo que era, lo que fue, más bien admiremos con humildad el fruto de nuestro presente como lo más valioso. Y demos gracias. Gracias a Dios y a la vida por tantas bendiciones que a fuerza de tenerlas, la damos por sentada. La ingratitud, ese terrible defecto de los humanos, se prolifera en la escasez. Cuando hemos acostumbrado a nuestro cuerpo, a nuestros hijos, a nuestra vida, a una determinada comodidad o lujos, y estos se eliminan o se aminoran, sobreviene la queja y la exigencia, siempre acompañadas de una falta de visión sobre el esfuerzo y el amor que estuvieron siempre puestos para nosotros. En su lugar, la frustración se hace dueña del proceso, y de paso, la ingratitud se vuelve dueña y señora de la situación. Porque en vez de agradecer el esfuerzo por mínimo que sea, el desprendimiento y el amor, echamos de menos la abundancia de otros tiempos, o sencillamente la ausencia de regalos o placeres vanos. Sin embargo, todo lo que convierte este tiempo en especial, no se compra con dineros ni regalos. Está inalterable a pesar de los tiempos y las circunstancias, y es el espíritu de unión, el amor expresado alrededor de una mesa de confraternidad, donde la familia y los amigos se convierten en la verdadera expresión de la esperanza. Los exhorto pues a que la noche del 31 de diciembre, el último día del año, sientan la gran alegría de saberse vivos, privilegiados Hijos de Dios, con la posibilidad de cambiar el curso de sus vidas y en consecuencia, el curso de la sociedad en que vivimos. Es nuestra la responsabilidad del futuro, asumiendo nuestros retos y compromisos, agradeciendo a Dios por Atodo lo que nos da y todo lo que nos quita@ porque solo en la confianza en Él es posible un presente de esperanza.

En nuestra portada y páginas centrales regalamos a nuestros lectores la expresión viva de la alegría y el optimismo: Milly Quezada, quien a través de su arte, ha sabido expresar la gratitud de renacer cada día con nuevos y mejores bríos. Además, interesantes reportajes y una selección de las doce damas más elegantes del año que recién finaliza, les asegura una lectura agradable y entretenida que confiamos disfruten a plenitud..

(Feliz y próspero año 2004, y que Dios los bendiga abundantemente.!