Manolo, mi primer líder

Manolo, mi primer líder

RAFAEL VENTURA
Manuel Aurelio Tavarez Justo (Manolo) resumió en su persona dos de las etapas históricas más relevantes recientes en la accidentada búsqueda del bienestar y la felicidad del pueblo dominicano: la abnegación, el sacrificio y el martirologio en la la lucha clandestina contra la tiranía trujillista, y la lucha por la liberación nacional y un régimen de justicia social, que era el ideal de libertad de la Agrupación Política 14 de Junio, cercenada por el golpe de Estado septembrino del 1963, que derrocó el gobierno del profesor Juan Bosch, el primero constitucional después de la dictadura trujillista.

La grandeza de Manolo es de una dimensión tal que es imposible para las nuevas generaciones aproximarse a las circunstancias históricas de lo que significó la tiranía trujillista, sin parangón en América Latina. El líder histórico, en medio de un sistema de opresión y oscurantismo en todos los órdenes de la vida nacional fue capaz de articular un movimiento clandestino, con raíces nacionales, que sobrevivió a la tiranía; y después, en las libertades públicas, se desarrolló con los jóvenes más nobles y pensantes hasta constituir la agrupación política más sólida y grande de ese pasado histórico inolvidable.

Juan Bosch, en su libro «Crisis de la Democracia de América en la República Dominicana», dice en la página 30 que «el movimiento 14 de Junio se había formado en la clandestinidad, con una mística de heroísmo y sacrificio que produjo muchos mártires, muchos torturados en las prisiones de Trujillo y muchos desaparecidos cuyas tumbas nadie sabe dónde están.

«En año y medio (final del año 1959 y todo el año 1960, R. V.), casi todas las poblaciones dominicanas fueron cubiertas por células del 14 de Junio, y los jefes y los miembros de esas células secretas eran jóvenes profesionales y estudiantes de la alta y la mediana clase media, y algunos que otros –muy contados– de la pequeña clase media.

Más adelante de la misma página, el creador de la democracia dominicana moderna, que dirigió el gobierno más honesto, progresista y democrático de las últimas décadas, hace un reconocimiento al 14 de Junio cuando dice que «esos jóvenes tenían pasión patriótica, eran honestos y buenos luchadores», pero que la circunstancia de vivir bajo la tiranía de Trujillo había aislado a la República Dominicana del resto del mundo, lo que impedía a los luchadores antitrujillistas del interior «estudiar con serenidad y relativa objetividad el proceso histórico dominicano, la psicología nacional, el juego de las fuerzas internas y externas que habían presionado sobre el pueblo dominicano y lo habían formado –o deformado– en un trabajo de siglos.»

Juan Bosch reconoce que cuando llegó al país, luego de 25 años de exilio, para hacer la revolución democrática nacional», se enajenó la juventud, sobre todo, la universitaria, y sin esa juventud era imposible hacer cambios revolucionarios en América Latina. El poder de convocatoria del 1J4 sobre la juventud nacional quedó demostrado en el gran mitin catorcista, el 14 de junio del 1962, cuando Manolo habló largas horas bajo un torrencial aguacero, permaneciendo inconmovibles los miles de asistentes. Allí Manolo demostró que poseía un carisma que hechizaba a la juventud dominicana; allí demostró también que era el líder absoluto de esa juventud dominicana, y allí dejó como legado para las futuras generaciones su testamento histórico «El 14 de Junio sabe donde están las escarpadas montañas de Quisqueya.»

Como militante que fui de esa «juventud catorcista» la muerte de Manolo y de sus compañeros «en las escarpadas montañas de Quisqueya» me cercenó de tal manera el sentimiento noble de una entrega total a la causa patriótica, que sentí que todo se me derrumbaba. Era tal la desolación por la pérdida del líder que no veía razón de ser y el horizonte lo presentía funesto; en la Nochebuena» del 1963 salí de mi casa sin rumbo fijo, y me senté en los arrecifes del malecón, y con la vista perdida hacia el mar oscuro lloré desconsoladamente.

Pero ese sacrificio «de puro ideal» dejó su legado en mí, porque imbuido de puro amor a la Patria renació de nuevo esa fuerza indescriptible que acompaña al auténtico revolucionario, y participé activamente en la «Revolución Patriótica y Antimperialista» de Abril del 1965.

Hoy la Patria agradecida les rinde un homenaje de eterna gratitud, colocando a Manolo y sus compañeros caídos en el pedestal del Héroe Nacional y Mártires de la Patria; pero la satisfacción que deben de sentir estos titanes en la eternidad es compartir sitial con sus inspiradores de ideal y de sacrificio abnegado: la Raza Inmortal, que se inmoló como expedicionaria en junio del 1959. ¡Loor a los héroes del 14 de Junio! Como dijo el insigne poeta americano, Rubén Darío: ¡Clarines, ¡laureles!