Maldición del diablito y Toño a salvo

Maldición del diablito y Toño a salvo

TONY PÉREZ
Bahía de las Águilas estaba tranquila, en descanso. Ni un alma merodeaba por los promontorios de arenas blancas de la playa. Nadie se peleaba por ella, aunque dicen que eso durará muy poco porque los diablos están cerca.

A dos docenas de kilómetros hacia el Oeste, en el municipio de Pedernales estaba el mismo infierno. Antes y durante las elecciones congresuales y municipales, la efervescencia alcanzó su máximo nivel. Ardía la pasión, las provocaciones abundaban, el ruido era insufrible, las ráfagas de pistolas de momento tronaban en el cielo y en las calles anchas del pueblo los !Paff! de las botellas de cerveza y ron.

Eso que en entre los cultos llaman fiesta de la democracia, allá era para muchos una juerga febril, una apuesta a la ignorancia. Borrachos, jovencitos mareados por la droga y una caterva de fanáticos y necesitados parecían autistas en grado sumo. Eran parte de la atractiva audiencia de los compradores de dignidad. La demanda de cédulas disparó los precios hasta 3 mil pesos, mientras el padrón con votantes “importados” había sido abultado tanto que a la gente no le quedó más camino que tomarlo a chiste diciendo que ahora hay más votantes que habitantes en provincia. O pregonar que esa era obra estéril de Diablito y/o Cocuyo, como le llaman al senador Angel Pérez (a) Santico. O del habilidoso Toño, el ex senador y candidato a ser diputado.

Yo había llegado en la víspera del certamen, después de doblegar los 324 kilómetros de la carretera que culebrea el Suroeste, para votar donde nací y crecí, jugué y dirigí béisbol hasta ser selección nacional en la Serie Latinoamericana de Pequeñas Ligas, celebrada en Puerto Rico, en 1973; donde comencé mis días de radio y recibí los afectos de los pedernalenses. Es un orgullo que muchos consideran vano, pero me siento bien porque tengo poco chance de ir y cada vez que regreso vuelvo a ser niño. Porque allá está mi familia y están sepultados mi padre y mi madre: el don Curú, insobornable, querido por jóvenes y viejos, oficial civil desde el gobierno de Bosch hasta su muerte, el 15 de mayo del 94, horas antes de las elecciones; doña Zoraida, silenciosa, apacible, trabajadora, solidaria, honesta, incapaz de ofender.

Y allá está sepultada, entre otros, la tía Sulina. La grandeza de esta vieja era su humor natural frente a la tragedia, por muy grande que ésta fuera. Vivía la vida y a ella ni se asomaba el temor a la muerte. Recuerdo que cuando rebasaba algunas de sus múltiples gravedades, pedía perdón a todas las personas que le visitaban por no haberles prestado la atención merecida mientras estaba en el lecho. También tengo fresco en mi memoria el día cuando ella, grave, con un cuadro clínico de pronóstico reservado, pedía comida y una de las hijas le dijo que no debía ingerir alimentos. La respuesta fue: La comida no tiene que con la enfermedad que sufro.

En los tiempos de Curú, Zoraida y Sulina, Pedernales era diferente. Era un municipio seguro, limpio, ordenado y progresista, donde predominaba el espíritu de crecer en base al trabajo, los estudios y el respeto a los demás, sobre todo a los adultos mayores que eran símbolos comunitarios. Era una pequeña ciudad que sorprendía a quienes la pensaban como una sabana de chivos, vacas, burros y perros realengos.

Pero el clientelísmo político ha causado heridas graves a este pueblo. Todo ha cambiado, casi siempre en sentido contrario. Ahora tiene acentuados tintes de arrabal.

Lo han hecho crecer sin planificación en todas direcciones. El caso más dramático lo apadrinó el ayuntamiento: barrios levantados a la carrera camino a la frontera, abriendo con ello nuevas brechas de inseguridad y de tráfico ilegal.

La droga ha comenzado a ganar terreno entre los jovencitos y con ella las bandas, los ladronzuelos y las violaciones contra menores. Nueve violaciones de niñas entre cuatro y trece años en un average bochornoso. El desenfreno y el irrespeto ya están bien posicionados. La competencia ya no es con los banilejos, por la limpieza, por la orquesta, la Banda de Música, el trabajo. Hay otros referentes nada envidiables, mientras falta autoridad local. Algunos sensatos han perdido la fe ante el sombrío panorama, pero la mayoría prefiere pensar en que todavía es posible la salvación, aunque éstos no sean temas de la campaña.

Pocos minutos después de terminadas las votaciones del martes, por todo el pueblo se rumoreó que “el Cocuyo está cogío”, “el diablito está cogió”. El rumor siguió toda la madrugada hasta que se confirmó todo: Santico el senador perdió las elecciones !Increíble! Pero el habilidoso de Toño, quien había salido de la senaduría muy debilitado, ganó la diputación y vuelve al Congreso. Allí tendría tribuna segura para “su Bahía de las Águilas”. Por allá muchos piensan que Santico es alumno aventajado de Toño. Gran parte del pueblo ha fijado su esperanza en Taty Matos y Dioni Sánchez, diputada y senador electos por el PLD. Es la primera vez que el partido morado obtiene la senaduría en esa provincia fronteriza.

Si se hubiese imaginado el final, el senador Santico jamás habría reído a toda boca cuando el ex presidente Hipólito Mejía, en una actividad pública, le llamó diablito en vez de Santico. Y menos cuando la gente del pueblo le llamó “Cocuyo” por realizar actividades políticas protegido por la oscuridad de la noche. Fue la síntesis de la gran maldición que lo sacó de cuajo de la curul.