Luperón

Luperón

JUAN VENTURA
El periodista José Báez Guerrero acaba de publicar un artículo, bajo el epígrafe; «Falsos héroes, falsos valores», en el matutino Listín Diario, de fecha 27 de septiembre de 2004, página 12, donde lanza una serie de diatribas y calumnias en contra de la primera espada de la Guerra Restauradora, general puertoplateño Gregorio Luperón, sin aportar pruebas documentales.

El autor de «Crónicas de un viaje» y «El despertar dominicano», ignora que desde muy temprana edad Luperón tuvo que salir a las calles de Puerto Plata en busca de manutención para su madre y hermanos.

Aprendió las primeras letras en una modesta escuela metodista de allí, dirigida por el reverendo William Towler, donde dio demostración de inteligencia y don de mando.

Cuando apenas tenía 14 años de edad dejó el hogar materno, para irse a Jamao, donde se radicó para dirigir los cortes de maderas de don Pedro Eduardo Dubocq, quien se convirtió en su protector. En su casa leyó a Plutarco y otros autores de su biblioteca del señor Dubocq, para de esa forma convertirse en un joven autodidacta.

Es una falacia sostener como lo hace el periodista José Báez Guerrero, cuando sostiene: «… españolizó Duperrón en Luperón a causa de una sarta de desmanes y crímenes que le hicieron infame antes de engancharse, en malas artes, al ejército restaurador». Si Dubocq le dio la responsabilidad de dirigir los cortes de maderas era por su don de mando, honestidad y seriedad. De ser un delincuente y criminal de seguro que no hubiese sido un destacado miembro de la masonería como llegó a convertirse y una figura de primer orden en el país.

Debemos de decir que Luperón se inició en la masonería a través de la Logia Nuevo Mundo No.5, al Oriente de Santiago (fundada el 27 de diciembre de 1859), alcanzando el grado 30. Fue uno Fundadores y el primer Orador de la Logia Restauración No. II, de Puerto Plata.

Cultivó y mantuvo lazos de amistad con Hostos, Betances, Maceo, entre otros. A todos ellos protegió y ayudó para la causa de independencia de sus respectivos países.

Fue un amante de la cultura y un ferviente propulsor de ésta y la educación. Ayudó a fundar instituciones culturales, educativas, logias, etc.

No es cierto como sostiene Báez Guerrero, cuando dice: «Allí estuvo hasta 1861, cuando a los 21 años fue hecho jefe del puesto cantonal de Joba, paradójicamente al servicio de Su Majestad Católica, designado por Juan Suero, jefe militar de la corona en Puerto Plata».

Luperón en 1857, con apenas 18 años de edad, ocupó su primer cargo público como Comandante Auxiliar del Puerto Cantonal de Rincón de Yásica, siendo nombrado por el gobierno del general José Desiderio Valverde, en donde se destacó y demostró habilidades en las armas. Acusar a Luperón de haber cometido abusos y asesinatos, durante ocupó esa posición es una falacia y una vulgar mentira. ¿Dónde están las pruebas documentales, señor Báez Guerrero?

Al año de estar ocupando esa posición se retiró y se dedicó al comercio en Sabaneta de Yásica.

El 18 de marzo de 1861, cuando Pedro Santana proclamó la anexión del país a España, Luperón se declaró contraria a la misma y se negó a firmar el acta de la anexión. Ver dicho documento que aparece inextenso en el Libro Noticias de Puerto Plata de Emilio Rodríguez Demorizi, página 132-33. Puerto Plata fue el último pueblo en apoyarla, cuando se bajó la bandera dominicana y subió la española, el 26 de marzo de 1861.

A partir de ahí, Gregorio Luperón entró a la escena política e inició actividades revolucionarias, sufriendo persecuciones.

A diario era provocado en Puerto Plata por defensores de la anexión a España. Tuvo que defenderse de un provocador de nombre Eulogio Buenamosa, calificado como: «Un desalmado denominado enganchado a alabardero del nuevo orden de lesa patria, recorría las calles de Puerto Plata, vociferando loas al poder español y cargando de denuestos a los dominicanos. De modo fortuito se encontró con Luperón, entonces aceleró sus invectivas contra los nacionales (ya se ubicaba a éste como disidente del nuevo status) el futuro héroe respondió enérgicamente y le asestó tremenda tunda al agente provocador, que le hizo perder la razón para el resto de sus días» (Santiago Castro Ventura. Andanzas patrióticas de Luperón. Santo Domingo, Editora Manatí, 2002, página 17).

Se convirtió en el hombre más buscado e incluso, se anunció una recompensa a quien pudiera dar información de su paradero. Fue detenido el 3 de agosto de 1862 por el general Juan Suero, pero «escapa espectacularmente» como dice Emilio Rodríguez Demorizi, en Cronología de Gregorio Luperón que aparece en su libro Escritos de Luperón, página VIII.

Después logró su escape, viajó a Cabo Haitiano, New York, México y Jamaica. Posteriormente regresó de nuevo al país para continuar sus actividades conspiradoras y tras la ocupación de Guayubín por los dominicanos, es proclamado General de Brigada.

Luperón tuvo que hacerse pasar como médico con el nombre de doctor Eugenio de los Santos, quien había fallecido en la embarcación en que iba, para poder entrar al país y seguir su lucha a favor del pueblo dominicano.

Es sometido a nuevas persecuciones, logrando escapar, para seguir con sus ideas revolucionarias, hasta el inicio y al fin de la Guerra de la Restauración, en Capotillo, el 16 de agosto de 1863.

En los últimos años se han publicado folletos, opúsculos y libros sobre la destacada participación del general Luperón en la vida política del país y su figura cada día se agiganta y crece más con el tiempo; y, mientras, aparecen nuevas investigaciones históricas sobre él, queda mejor situado ante la historia. Es un personaje que ha sido estudiado y analizado también por historiadores extranjeros. Mientras más se hurga en él crece su arraigo, valor y respeto alcanza su figura en el contexto del país, del Caribe y de América Latina, pues conjuga al valiente luchador por nuestra soberanía, por la libertad y al visionario del porvenir dominicano.

Ahí tenemos, en una breve pincelada al héroe y a la figura preponderante en la historia local, regional y nacional, que por sus actuaciones y méritos en la gesta restauradora se ganó el primer lugar en la misma.