Los últimos bosques primarios

Los últimos bosques primarios

Cada dos segundos desaparece una superficie de bosque primario equivalente a un campo de fútbol. Los últimos reductos de Naturaleza están en serio peligro de extinción y con ellos, el planeta. Los bosques primarios son «fronteras forestales», grandes superficies continuas de bosque original e intacto cuya, dinámica y evolución depende de las perturbaciones naturales.

Son zonas con nula o escasa intervención humana, sin actividad industrial a gran escala y lo suficientemente grandes como para garantizar la supervivencia de las poblaciones de los seres vivos que habitan en ellos, incluyendo a las especies migratorias.

El 80% de estos bosques ya han sido destruidos o alterados de manera grave y el 20% restante se encuentra amenazado por la explotación petrolífera, la minería, los grandes embalses o las infraestructuras. Aunque la principal amenaza de los bosques primarios es, sin duda, la explotación forestal a gran escala.

En algunos lugares aún se pueden encontrar bosques primarios: en las selvas tropicales húmedas de la Amazonia, la cuenca del Congo y el archipiélago de Indonesia y Papua Nueva Guinea. También en los inmensos bosques boreales de Siberia Oriental, Canadá o Estados Unidos, en los bosques templado-lluviosos de la Patagonia chilena o de la costa oeste norteamericana. En menor extensión, existen bosques primarios en Rusia y Finlandia.

A pesar de que los bosques primarios sólo cubren el 7% de la superficie terrestre, mantienen a la mitad de las especies de plantas y animales terrestres del mundo, muchas de las cuales aún no han sido descubiertas por la ciencia. Además, son también el hogar de comunidades indígenas y poblaciones tradicionales. La conservación de los bosques, por tanto, ayudará a mantener culturas, lenguas, conocimientos y formas de vida que son patrimonio de todos. Los pueblos indígenas tienen el derecho de vivir en las que siempre han sido sus tierras.

La protección de estos últimos bosques pasa por la creación y consolidación de un marco internacional que promueva políticas de conservación y redes transnacionales de espacios protegidos, el reconocimiento de los derechos indígenas sobre sus tierras, una gestión forestal sostenible, el fin de la tala ilegal de bosques, la evaluación ambiental de grandes proyectos… En definitiva, un compromiso con el medio ambiente.

En el intento de extender una gestión sostenible de los bosques, son muchas las asociaciones medioambientales que lanzan campañas de sensibilización o de acciones concretas. Uno de los frentes más activos de la campaña de bosques es el de la Amazonia brasileña. En el año 2002, se consiguió firmar el Convenio CITES que aumenta las restricciones a la tala y comercio de caoba. Se lograba así defender a los bosques amazónicos de la tala ilegal y las mafias de esta rica madera. Además, se consiguió que los indios Deni no tuvieran que dejar sus tierras. Con ello, se salvaron un millón y medio de hectáreas de bosque tropical amazónico.

En la costa oeste de Canadá los bosques templado-lluviosos también tienen una mayor posibilidad de subsistir. En 2001, diversas acciones ecologistas consiguieron una moratoria del gobierno para la tala en 20 valles y el aplazamiento de las cortas en cerca de 70 zonas diferentes.

Otra de las grandes victorias para salvar los bosques primarios tuvo lugar el pasado mayo de 2003. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas prolongó las sanciones internacionales a Liberia y amplió dichas sanciones con un embargo internacional a las importaciones de madera, que se suma al embargo de armas y de diamantes. El comercio de la llamada «madera de la guerra» es la mayor causa de la destrucción del bosque de Liberia.

A pesar de todas estas medidas y de los esfuerzos de organizaciones, como Greenpeace, aún queda mucho por hacer para proteger a los bosques primarios y conseguir una conciencia social de respeto al medio ambiente. (La Insignia)