Los recursos humanos

Los recursos humanos

a Japón es un archipiélago compuesto por cuatro islas grandes y mil pequeñas; el Japón no dispone de materias primas y debe importar toda clase de metales y substancias vegetales para uso industrial. Sin embargo, el Japón es un país creador, de alta tecnología, capaz de producir cualquier tipo de máquina para la industria pesada o liviana. Su moneda es una de las patas del sistema monetario internacional. La carencia de recursos naturales la compensa con una amplia gama de recursos humanos calificados. La disciplina en el trabajo; la formación intelectual de sus técnicos y profesionales, obran el milagro cotidiano de generar riqueza económica y bienestar colectivo.

Contra lo que pensaban los fisiócratas, la tierra no es la única fuente de riqueza. El conocimiento ha sido siempre el camino de la sobrevivencia, de la prosperidad, de la hegemonía comercial, de la influencia política. El Japón, a pesar de ser una cultura con antiquísimas instituciones, con un teatro característico, refinada poesía y riquísima literatura, tomó en el siglo XIX la decisión de absorber las ciencias y las técnicas de Occidente. Los emperadores que hicieron esto cambiaron el destino de millones de japoneses del siglo veinte y condicionaron la vida de otros millones en lo porvenir. Ahora los japoneses son creadores orientales de técnicas industriales occidentales.

Otros países, con más recursos naturales, mejores climas y más capitales, no han logrado desarrollarse económicamente. Los recursos humanos calificados para transformar la naturaleza, para establecer una organización política y administrativa, son esenciales. Sin ellos no es posible obtener el rendimiento adecuado de ningún recurso natural. Algunos países pobres de América sufren, al mismo tiempo, la escasez de recursos y el despilfarro de recursos; dilapidan aquello que más necesitan. La educación es la clave para entender lo que pasa en el interior de las sociedades que alcanzan prosperidad.

Educación que abarca el intelecto, el carácter y la conducta. No basta con aprender química o física; ese químico y ese físico han de ser personas involucradas en los valores colectivos de su país; y, además, con fortaleza de ánimo suficiente para asumir compromisos éticos. La inversión extranjera es, desde luego, importante; la capacitación de los nacionales, más importante aún. Esa mezcla genera bienestar.