Los partidos podrían quedar como vendaval sin rumbo       

Los partidos podrían quedar como vendaval sin rumbo       

Cuando los partidos llegan a tener tanta fuerza como para gobernar o  competir por el control del gobierno y parte de los demás organismos del Estado, mayor conciencia deben  tener tanto sus dirigentes como su militancia sobre la importancia de mantener sus organizaciones fuertes, cohesionadas,  actualizadas y diferenciadas.

Tanto el PLD como el PRD, luego de que sus mentores y guías desaparecieron y con ellos las ideologías y los programas, aunque posterior a sus desapariciones han gobernado y gobiernan, podrían no percatarse de que las aperturas, luchas internas,  alianzas y los vaivenes de dirigentes y militantes que pasan de un lado al otro y que de alguna manera hoy forman parte activa o influyen en sus partidos, podría haberlos empujado hacia un vendaval sin rumbo en que nada los diferencia, sino  gobernar o querer hacerlo.

Los planteamientos, los programas de gobierno y los discursos, dependiendo en qué posición se encuentren, sea en el gobierno o en la oposición,  se asemejan. Cuando hay elecciones, ofrecen más o menos las mismas cosas. Las diferencias populares son las gorras y algunos  símbolos, porque muchos de los que hablan o se encaraman en las caravanas, pueden  haber estado ayer de un lado y hoy del otro. Se han globalizado de tal forma, que solo  el aspirante o el candidato los diferencian.

Por esa vía los partidos se encaminan a ser, no una expresión colectiva de ideas con  concepciones ideológicas o programáticas diferenciadas, sino  agrupaciones en torno a una persona, un líder o un jefe.

No estoy planteando que sea malo o bueno, sino que el concepto de partido con características, propuestas y modelos diferenciados puede diluirse en la medida en que las personas se coloquen por encima de las organizaciones y la gente se agrupe en función de amistad, solidaridad, agradecimiento o conveniencia, porque en esa misma medida el partidismo quedará sujeto  a lo que piense esa cabeza,  líder o jefe.

Todos los partidos, especialmente  el PLD como en el PRD están presentando síntomas que  mueven a pensar que deben cambiar de rumbo, pues si continúan trillando el camino donde la gente se incline simplemente por lo que diga o piense un dirigente, sin saber en realidad las diferencias en que se sustentan los ideales de sus organizaciones; donde  primen más los sentimientos de adhesión personal  que los ideales partidarios, estarían cavando la tumba donde  entierren sus propias aspiraciones.

Desaparecidas las diferencias sustanciales entre los partidos,  se les hará mucho más difícil su vigencia ante el crecimiento de sectores que se mueven según las conveniencias y se mantengan   al acecho para cosechar debajo de la mata o mantengan sus ambulancias prestas a recoger cadáveres para sus fines particulares.

La única ventaja comparativa que tienen estos dos partidos  es que los emergentes no han podido encontrar patrones  auténticos donde colocar sus injertos, sino que confundiendo tácticas, estrategias, medios y objetivos, han trillado el mismo camino que los tradicionales quienes al final los arrastran.