Los infartos cerebrales (20-40)

Los infartos cerebrales (20-40)

Con el auspicio del Club 20-40 tuvimos el alto honor de dictar una conferencia en los salones de la Casa de España, ante la selecta membresía de esa institución formada por distinguidas personalidades que han participado con anterioridad en el Club Activo 20-30. En la oportunidad fuimos presentados por el buen amigo Leonardo Díaz. El bloque de preguntas y respuestas fue dirigido por el prominente psiquiatra doctor Luis Montalvo. Al final de la entusiasta noche, recibimos un elegante presente de parte de la señora Deidamia Báez, de la directiva del Club.

El 20-40 y la Fundación 20-30 son instituciones de servicio a la comunidad, y son numerosas las obras de bien social que apoyan, tales como bibliotecas, mantienen varios hospitales, ayudan a los ancianos, salas de pediatría, becas, etc. Son  grupos solidarios de los que ojalá  hubieran muchos similares en el país, por hombres y mujeres con desprendimiento y un gran sentido social. Nos referimos en nuestra charla con ellos, a los “derrames cerebrales”, los accidentes cerebro-vasculares que constituyen la primera o segunda causa de muerte, y sobre todo es la primera responsable de invalidez permanente en adultos activos en cualquier latitud.  Hay una tendencia a su incremento en relación con el aumento de  la edad y con el envejecimiento de la población.

Los “factores de riesgo” son elementos que han sido evaluados en numerosas investigaciones, por lo que podemos hoy día, en la realidad de la medicina basada en evidencias, hablar de ellos. Son de dos tipos, los modificables y los no modificables. Es entendible que no podemos, por más que queramos modificar la edad, el sexo, la raza, la etnia, la genética, la historia familiar, la homocisteinuria, etc., es decir que todo aquel que tiene el compromiso por genética, con uno de estos elementos que no podemos cambiar, tiene un “desfavor”; son mecanismos en su contra, para padecer algún  daño cerebral o cardíaco por infarto.

Pero sabemos que hay factores sí modificables, que podemos controlar y cambiar, tales como: el control de la presión arterial es lo primero, el control de la glicemia y el manejo de las cardiopatías. El control de las grasas en la sangre, el sobrepeso, el fumar, la ingesta de alcohol, las alteraciones del sueño, la falta de ejercicios, estrés, factores  todos adversos para la buena salud.

Como neurólogo “social”, estamos empecinados en que todos sepamos cuáles son los síntomas a los que hay que poner atención. Pues no son los graves, aquellos en los que el paciente ya está hemipléjico, afásico o en estado de coma, cuando ya se produjo el daño.

Para nosotros tiene importancia evitar que el cerebro como órgano rector se dañe, así que debemos poner atención a: alteraciones de conciencia, síncopes, vértigos, mareos, trastornos de la visión asociados a alteraciones de conciencia, amnesia, confusiones, diplopía (ver doble), voz estropajosa, olvidos frecuentes de las actividades y de los nombres, cambios del humor sin razón, actividad motora anormal, déficit motores y/o sensitivos progresivos (brazos y piernas), signos focales asociados a migraña, parestesias localizadas (calambres raros) incontinencia rectal o urinaria. Note el amable lector (a) que la  constelación clínica  es muy amplia.

Hablamos en la conferencia de que el futuro estará basado en la “neuroprotección”, pero mejor deberíamos hablar de “cerebro protección”. La modernidad terapéutica va en la vía de la “estimulación de la plasticidad” cerebral. Por eso se recomienda, alimentación sana, ejercicios diarios, moderación en los vicios, el uso de los hipolipemientes, los anti-agregantes, la Somazina y el Nootropil.  El hecho de que se haya acrecentado la “expectación” de vida, nos obliga a preservar la “calidad de vida”, de eso se trata, de valorar el paciente y ver los factores de riesgos prevenibles, pues de poco nos sirve el recibirlo con daños irreversibles. En medicina vale mucho aquello de que para salvar el barco debemos primero achicar el agua.