¡Los Carros de Limber Vilorio: fórmula uno, carrera excepcional!

¡Los Carros de Limber Vilorio: fórmula uno, carrera excepcional!

En ciertos eventos sólo se puede comentar la obra expuesta, pero otras veces hablar del expositor se impone. Es el caso de “Carros 0.04” , despliegue de los recursos que domina el “piloto” Limber Vilorio: performance, instalación, video, escultura-objeto… y ¡qué dibujos!

Hemos tenido la suerte de actuar como miembro del jurado las dos veces que Limber Vilorio ha ganado premios en un concurso… entre el consenso y el asombro de los jueces. Él era un adolescente cuando le dieron el máximo galardón en un certamen de la Embajada de Israel: la perfección de su paisaje urbano –que nuestra memoria visual aún conserva- maravilló hasta tal punto al areópago que se decidió someter el ganador a una prueba… de la cual salió victorioso. ¿Quién hubiera podido ayudar a ese talento precoz?

Dieciséis años después, fueron dos los premios atribuidos a Limber Vilorio en la Bienal de Artes Visuales, uno en instalación, el segundo en escultura, ambos absolutamente merecidos por obras golpeantes, consecuentes e innovadoras.

Hoy Limber Vilorio se perfila como uno de los artistas que aseguran el porvenir de la plástica dominicana, una responsabilidad que sabrá asumir. Su creatividad y su sentido del compromiso confieren al oficio y la persistencia una dimensión simultáneamente ideológica e imaginaria. El dominio de la academia le permite expresar un mensaje –inmediatamente captado–, y también liberar fuerzas que cuestionan una realidad barroca y aparentemente incontrolable.

Durante más de una década respetamos a ese pintor muy joven por la seriedad extrema de su lenguaje gráfico y plástico tradicional: por lo menos era capaz de formulaciones neo-clásicas impecables que parecían fuera del alcance para la nueva generación. De repente, cuando todavía Limber no había abandonado la tradición formal y temática, surgió una “obra paralela”, a la vez performance, video, texto e instalación, con el propio artista vestido de escafandra, que daba inicio al tema obsesivo de las desgracias del peatón dominicano. Liber Vilorio no podía retroceder… y siguió adelante.

[b]Carros 0.04 en el Museo de Arte Moderno[/b]

De alguna manera, esta exposición había sido anunciada por una escultura-instalación, amontonando neumáticos en el césped del parqueo del Banco Central. La acumulación causó gran impacto, tanto más que se trataba de gomas… de yeso, “remake” en el linaje del pop-art y del nuevo realismo. Fue una de las mejores manifestaciones de la Bienal del Caribe (paralela) y hubiera debido ser una escultura pública permanente, aunando el goce visual y la concientización.

Limber Vilorio convierte el carro en el centro del mundo, una propuesta a la vez reducida e inagotable. Son vehículos sobrevivientes, cuyo ejemplar en la explanada del Museo evoca a los viejos automóviles habanenses milagrosamente conservados, y que transmiten el siguiente mensaje: todo puede referirse a un carro, la huelga como la yola, la agresión como la represión, la reinvención del objeto y lo surreal como la vivencia diaria más sórdida.

Allí está el uso del carro para el sexo, la prostituta, el transvestido, hombre y mujer, amor, histrionismo y comercio confundidos. Lamentamos haber perdido el performance, que habrá sido sensacional. El artista recurre a carrocerías, piezas, adornos, motivos diversos, tomados de una realidad, en estado ruinoso, deteriorados como los consuetudinarios carros públicos que la obra reproduce.

El “kitsch”, el humor, la crítica mordaz y al mismo tiempo una innegable compasión se advierten. En el aspecto sociológico, Limber Vilorio aprehende, cuestiona, denuncia los males de la pobreza, el caos y el subdesarrollo. Expresa Sara Hermann en un apasionante texto introductorio, que el autor “propone una interpretación que concede al instrumento de transporte –devenido en símbolo- su propia materialidad, sus propios límites y resistencias.” No cabe duda de que esas máquinas, tan caricaturescas y reales simultánemente, son, como bien lo afirma la ensayista, “representativas de un estado de cosas”. Todo tema, toda preocupación, individual y colectiva, cabe en aquellos artefactos, identificadores del ambiente urbano y su desasosiego.

Limber Vilorio tiene una capacidad de metáfora en lo visual, que enriquece la naturaleza de la pieza, sino la transforma totalmente. Fragmentos, irreconocibles en su estado original, desprendidos y desgarrados, son convertidos en “habitantes del asfalto”. Asustan como insectos ignotos y malignos, y una metamofosis –de tipo kafkiano- parte de la destrucción para recrear nuevas especies, obviamente dañinas.

Ahora bien, esta colección de peligros y desgracias no se limita a la expresión tridimensional y a los objetos intervenidos. Aquí está el reencuentro con el dibujo, ese lenguaje mixto sobre papel que Limber Vilorio maneja magistralmente, cargándolo de claridad y de sombra, a modo de una alquimia muy personal de gran calidad estética y sofisticación. Asistimos nuevamente a un proceso de transformación, desde un aparente realismo, que destaca tanto las fuerzas del blanco y negro –con los matices insidiosos del gris-, como el dramatismo del color, alusivo al desangramiento.

Esos carros chocados, retorcidos, ablandados, más evocadores de una barbarie bélica que de un contexto urbano normal, adquieren una segunda vida, ¿desatada por la venganza?, y se mutan en criaturas fantásticas, con rasgos antropomórficos o zoomórficos, tragándose la tierra los restos del caminante. Peatones –con la letanía de “el que anda a pie no es gente”- y vehículos llegan a identificarse en la tragedia. La escritura dibujística de Limber Vilorio, tan sutil y poderosa, es tal vez la vertiente más impresionante de la exposición, pues muy pocos lograrían ascender a tal eficacia y refinamiento. Para ello, hay que ser el académico escrupuloso que nos retrotrae a los comienzos del artista…

Quienes no habrán disfrutado “Carros 0.04” en el Museo de Arte Moderno tienen la oportunidad de apreciar una versión reducida de esta “muestra-para-pensar”, entre las instalaciones montadas en la segunda planta del Hotel Lina. Limber Vilorio da, de modo incuestionable, una lección de conducta… al peligroso chofer y al vulnerable transeúnte.