LOS BUENOS DIAS
Tú escoges: escuchas el susurro o el ladrillazo

LOS BUENOS DIAS <BR>Tú escoges: escuchas el susurro o el ladrillazo

RAFAEL MOLINA MORILLO
Un joven y exitoso ejecutivo paseaba a toda velocidad en su auto Jaguar último modelo. De repente sintió un estruendoso golpe en la puerta y al bajarse, un poco más adelante, vio que un ladrillo le había estropeado la pintura, carrocería y vidrio de la puerta de su lujoso auto. Dio un brusco giro de 180 grados y regresó a toda

velocidad a donde vio salir el ladrillo que acababa de desgraciar lo hermoso que lucía su precioso auto.

Salió del auto de un brinco y agarró por los brazos a un chiquillo, y empujándolo hacia un auto estacionado le gritó:

«¿Qué rayos fue eso? ¿Quién eres tu? ¿Qué crees que haces con mi auto? ¡Es un auto nuevo, y ese ladrillo que lanzaste va a costarte caro! ¿Por qué hiciste eso?»

«Por favor, señor… por favor. ¡Lo siento mucho!, No sé que hacer -suplicó el chiquillo-. Le tiré el ladrillo porque nadie se detenía…».

Las lágrimas bajaban por sus mejillas hasta el suelo, mientras señalaba hacia atrás del ejecutivo.

«Es mi hermano -le dijo-. Se descarriló su silla de ruedas, se cayó al suelo y no puedo levantarlo».

Sollozando, el chiquillo le preguntó al ejecutivo:

«¿Puede usted, por favor; ayudarme a sentarlo en su silla?. Está golpeado y pesa mucho para mí solito».

Impactado por las palabras del chiquillo, el ejecutivo tragó grueso el nudo que tenía en la garganta. Levantó al joven del suelo y lo sentó en su silla nuevamente; sacó su pañuelo de seda para limpiar un poco las cortaduras y el sucio de sobre las heridas del hermano de aquel chiquillo especial.

Luego de verificar que se encontraba bien, miró al chiquillo que le dio las gracias con una sonrisa que no tiene posibilidad de describir nadie…

«Dios lo bendiga, señor… y muchas gracias» le dijo.

El hombre vio como se alejaba el chiquillo empujando trabajosamente la pesada silla de ruedas de su hermano hasta llegar a su humilde casita.

El ejecutivo aun no ha reparado la puerta del auto, manteniendo así el golpe que le hizo el ladrillazo; de esta forma puede recordar cada día el no ir por la vida tan de prisa que alguien tenga que lanzarle un ladrillo para que preste atención.

Dios nos susurra en el alma y en el corazón, pero hay ocasiones en que tiene que lanzarnos un ladrillo para ver si así le prestamos atención a todo lo que tiene para decirnos.

(Contribuído por Yudelka Guillén Kunhardt)

r.molina@verizon.net.do