Lilís singular dictador

Lilís singular dictador

Ulises Heureaux fue un hombre de complicada y sorpresiva personalidad. Pero, se advierte, claramente, en la generalidad de sus actos, su profundo deseo de mando, de no ser dirigido por nadie y que se le respetara como mandatario de la Nación.

Fue libidinoso en extremo. En la capital de la República, como en cualquier rincón del país, tenía una «querida» para saciar su apremiante erotismo. Esa obsesiva sexualidad lo llevó, con el paso del tiempo, a la impotencia y como secuela a la más profunda amargura. Se rompió el eje motorizador de su hombría y fluyó el desengaño hasta el punto de no importarle la vida y llegar, por impulso intuitivo, a la cita con la muerte en Moca el 26 de julio de 1999.

Entre las mujeres de Heureaux las hubo frívolas, con talento y de fuerte carácter inclinadas por real y verdadero sentimiento de amor. La mayoría de ellas, llegaban hasta servirle con informes necesarios para romper las tramas que se urdían para eliminar al tirano. Entre éstas se destacaba Juana Ogando hermana de los ocho varoniles Ogando, quienes brillaban por ser valientes hasta la temeridad, sobre todo Andrés, Benito y Timoteo.

Lilís tenía sus límites en la conquista amorosa. Respetaba a la mujer que se hacía respetar. Jamás se inclinó a enamorar a la esposa del amigo. Su código de Don Juan fue amplio, pero dentro de una esfera espontánea, donde entraban las que por su voluntad se entregaban, ya sea por simple vanidad, por lograr una posición económicamente holgada, o por que cedían, después de falsas negativas, a su empuje de constante gentileza con valiosos regalos y finas atenciones.

El conquistador amoroso se revuelve airado contra sus propios instintos, cuando los dardos del amor -impetuosos y saltando reglamentaciones sociales- se clavan en el corazón de algún pariente femenino que le es querido.

Asunción fue hija de Heureaux. Sentía por ella especial cariño, y debilidad paternal. Joven, sin experiencia, fue víctima de un insolente cubano que esperaba afianzar su inestable vida, al amparo de su matrimonio con la hija del presidente de la república.

Cuando los amigos de Lilís en Puerto Plata -ciudad donde se produce la seducción- se enteran de la audacia del cubano, tratan de arreglar las cosas de la mejor manera posible: matrimonio inmediato.

Así lo hacen para cubrir el honor de la dama ofendida. Creen, también, salvar de la vergüenza a su amigo y mandatario Ulises Heureaux.

Pero Lilís tenía un servicio de información tan eficaz que cuando le participan el casorio, ya él está enterado de todos los pormenores del acontecimiento.

Se desborda su ira. Escribe en relámpagos de letras incendiarias, para que con la misma rapidez que hubo matrimonio, se realice el divorcio.

Temeroso los que han querido hacer un bien y ven que han ocasionado un mal, anulan rápidamente la boda por acta notarial.

Asunción es llevada a una casa cercana de Puerto Plata. Más tarde, después de la muerte del dictador, esta joven se gana el aprecio de la sociedad.

En una carta Heureaux a su amigo Manuel Cocco, le dice entre otras consideraciones: Siendo la dureza de la lección, por todos aquellos amigos que con su apoyo moral impusieron al seductor de Asunción la idea de reparar con el matrimonio la falta; pero como dejo dicho, yo no he podido ni podré conformarme con tales satisfacciones, después de una falta de respeto semejante. De ningún modo podría yo sancionar con mi consentimiento, que aventureros incapaces de atreverse en su país a faltarle el respeto a un jefe de Policía se permitan venir a hacerlo entre nosotros con el Jefe del Estado de una manera tan desconsiderada y escandalosa.

Anulado el matrimonio, el cubano subestimando los alcances iracundos de Heureaux, siguió viviendo, como si nada hubiera ocurrido, en Puerto Plata.

Un día, al cruzar el parque, una mano oculta apretó el gatillo de un revólver hiriendo al audaz tenorio. Con los ojos espantados y las heridas sangrantes huyó: )Adonde fue a parar este cubano insolente? Nadie lo supo en Puerto Plata.